Nos conocimos en Internet

Y por primera vez, lo digo y no me avergüenzo.

Recuerdo que tenía tres fotos en su perfil: la primera (y la que más me gustó) estaba él de pie mirando a cámara con una mirada limpia, transparente, juguetona; en la segunda foto estaba con unos amigos y en la tercera salía asomado en una puerta. Me sobraron las dos últimas fotos. En la primera ya me había enamorado.

Necesitaba saber más. Busqué su edad casi con ansia, «demasiado joven para mí», pensé. De repente, vi una dirección de correo. ¿Esto es en serio? ¿Y si le escribo? ¿Querrá algo? ¿Ya se habrá olvidado de este perfil? ¿Seguirá disponible? ¿Me querrá? ¿Le querré? Para, para, para. Despacio. Vayamos por partes.

Abrí Gmail y le pregunté directamente si quería que nos viésemos. Juro que yo nunca he hecho algo así. Y no sé si volvería hacerlo. Pasé la mañana refrescando la página del correo. Y por fin, llegó. Casi no me contaba nada, pero acabamos quedando en la estación de Chamartín en el andén del tren que llegaba de París a las 9:00 del sábado. Llovía muchísimo y de camino al metro se me estropeó el pelo, pasé mucho frío y tenía sueño (¿por qué tuvimos que madrugar tanto?). Estaba realmente nerviosa. Subí las escaleras mecánicas mirando hacia atrás por si reconocía alguna cara y tropecé.

No hizo falta bajar hasta el andén porque lo vi esperando en la entrada. Inmediatamente supe que acabaríamos en mi casa. Me dio un beso en la nariz, yo le abracé, nos miramos como si ya nos conociésemos de toda la vida. No sabía cómo tocarle, ni por dónde empezar.

Me fui a casa sin él pero volvimos a vernos el lunes. Él y su equipaje cabían perfectamente en mi mochila. Subimos al metro y la gente no paraba de mirarnos, bueno… le miraban a él. La primera noche casi no pude dormir, solo quería mirar como dormía, tocarle la barriga para que se sintiera seguro en casa. Él si pudo dormir y me pareció verle sonreír mientras dormía apoyado en la almohada.

El resto ya es historia. Se juntaron sus ganas de tener casa y mis ganas sentirme en casa. Yo cuidando de él y él tirando de mí. Entendí por fin que cuando adoptas un perro, sin querer… el perro es el que te adopta a ti.

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Un comentario en “Nos conocimos en Internet

  1. En mi casa nunca me dejaron tener perro. Mis hermanos, mayores que yo, tampoco lo lograron. Mis padres no odiaban a los perros, pero, sin disculparles, tenian otra vision jerarquica hacia los animales, que no correspondia con que habitasen en el mismo lugar que los humanos. Si recuerdo de pequeño, entre brumas, que hubo un perro «cuqui» pekines.. que habito durante una temporada en nuestra casa… nunca supe a ciencia cierta porque se fue… creo que mi padre le regalo a un amigo. Durante mucho tiempo fue una constante el querer tener un perro. Nunca lo consegui. Mis hermanos, se independizaron y consiguieron tener perros.
    Con el tiempo, todavia viviendo con mis padres, entre mis idas y venidas, cuando ya empezaban a ser mayores, logre con mucho esfuerzo y mas azar, que si al menos no querian un perro, tuviesen un gato. Me encontre por la calle una gatita muy pequeña que me siguio,. La levante del suelo y corri a llevarla a casa.
    Mi padre al verla, impuso su jerarquia y me hizo echarla. A regañadientes, abri la puerta y la solte. Los primeros maullidos lastimosos desaparecieron, lo que me hizo temer por ella, abri la puerta, y en silencio alli estaba, mirandome… mirandonos, mi padre se asomo por encima de mi hombro y la vio. Dijo: traela, mañana ya veremos a ver. Estuvo con nosotros 12 años. Todavia recuerdo como la daba de comer, a ella y a otra que se añadio. Cuando desaparecieron, pepa y lola… mi padre comenzo a recorrer su cuesta abajo.
    Muchas veces he pensado que hubiera sido sin en vez de un gato hubiesen sido esos perros que reclamabamos. Luego poco a poco la vida ha ido juntando y separandonos de perros y gatos.
    Mi empeño desde entonces es hacer un lugar habitable, junto a mi, de perros, gatos y algun humano.
    Nunca sera tarde para conseguirlo. Me hubiera gustado que mi padre lo hubiese visto. Y le diria: Ves como es bueno. Mientras tanto, aqui tengo dos gatas, una mirando la pantalla y otra pasando de mi.
    Creo que a veces piensan que soy su perrete.

    Tu perro tiene cara de listo.

    🙂

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