Se va, se va. Se fue.

Abres la puerta de casa, dejas las bolsas en el suelo y esperas. Esperas mil segundos. Esperas más. No viene. No aparece. Las bolsas siguen tiradas en el suelo de la entrada, cierras la puerta y recorres todo el laberinto de tu casa. Nada. Miras en tu habitación, debajo de la mesa, entre los cojines, en su alfombra.

Nada.

Algunas veces me preguntaba qué pasaría cuando al llegar a casa y dejar las bolsas, él no estuviera. Qué diría, cómo lo contaría. Pero antes de terminar la pregunta, lo miraba y allí estaba.

Pero ya no está.

Algún día os lo contaré todo sobre él. Os hablaré de su pelo, de su mirada, de esa nariz que tanto me gustaba. De sus noches buscando un hueco en mi cama. De los reencuentros. De las despedidas. De cómo me esperaba en el pasillo al oír las llaves de casa.

Ahora no puedo.

Yo aún estoy esperando en la puerta con las bolsas en el suelo… porque era el único que me esperaba sin saber que llegaba. 

3 comentarios en “Se va, se va. Se fue.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s