DEP.RIP.mente

En días como hoy, elijo ‘muerte’. Y por lo visto, él también.

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De nuevo, la sociedad me obliga a reflexionar sobre las muertes ajenas sentidas como propias. Sobre cuando el respeto y la admiración llegan tarde y a veces mal. Cuando todo llega a trompicones, con flato. Cuando se nota que llega en un intento de algo y resulta deprimente. Quizás la equivocada soy yo.

Quizás soy yo porque la muerte me da pavor. Porque no quiero saber nada. Porque en mi vida no quedará un hueco. Porque por las noches no soñaré que aún estamos cerca. Y porque ya cada uno tiene bastante con lo suyo. Supongo.

Quizás soy yo porque no valoro lo suficiente a esa gente que se “nos” va (como si alguna vez hubiese formado parte de nosotros). Pienso que sí, que se van, que es una pena, una desgracia, ¡una putada! Pero para su suerte, la nuestra o la vuestra, queda todo lo demás. Queda esa música, esas películas, esos cuadros, las fotos, los programas grabados, su voz, queda su casa.

Queda él o ella, pero en otro formato. Y no nos engañemos, en ese formato es como nos gustaban.

Quizás soy yo que soy una rancia, que no siento los “DEP” que escribo, que en el fondo no les echaré de menos. Quizás soy yo que no admiré a nadie. O porque nunca dije o pensé «te admiraré hasta la muerte» (supongo que hasta «mi muerte» -eso sí que será una putada- porque esa gente hace como que se va pero se queda).

No sé, quizás soy yo… Pero lo dudo.

Tampoco soporto vuestros “se ha ido un grande”, “las guitarras lloran”, “el arcoíris hoy sale en escala de grises”, “la música se queda muda”, “el reloj se para” y todas esas frases manoseadas de libro de homenajes. Porque el grande no se va, sólo se muere. Las guitarras (creedme) no lloran. El egoísta arcoíris sale con su peculiar bandera de colores. La música sigue sonando y el reloj lo que necesita es otra pila.

Pero mira que os gusta. Mira que os gusta lamentar, lloriquear, moquear. Lo que disfrutáis poniendo sus canciones al día siguiente como si también se fuesen a ir con ellos. Supongo que es para sentir a esa persona cerca, aunque es absurdo, porque siempre la tuviste lejos. Mira que os gusta sentir las pérdidas ajenas. Y mira que os gusta el toquecito consolador en la espalda.

Me gustaría saber por qué lo hacéis pero no me interesa demasiado.

Se van muchos grandes (por no decir «monstruos» que es aterrador y que si fuese cierto, debería alegrarnos. Los monstruos dan miedo) y nosotros nos quedamos sintiéndonos muy pequeños. Se van y nos quedamos. Drama. Yo también me iré. Dramón. Y tú, ojo. Pero antes, me quedaré muchas veces.

 

Cualquier día puedo elegir ‘muerte’, así que…

A mí que me quieran mientras tanto, que luego ya será después.

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