Días raros

Esta Semana Santa he vivido como Dios. Sin móvil. A pelo. Y en consecuencia, sin reloj, sin despertador, sin gps ni cámara de fotos. Muy prehistóricamente. Ha sido todo muy raro. He quedado con gente por la mañana sin saber qué pasará, si llegará, si llegaré, si cambiamos la hora, el lugar o si no quedamos. He tenido que pedir la hora en la calle. He tenido que preguntar cómo llegar a una calle. No he podido hacer fotos a las gilipolleces diarias. Ni una selfie ni media. No he podido buscar la palabra que no me salía, tampoco la foto del tipo del que me estaban hablando. No he podido tuitear lo que decían las señoras en el autobús. No he podido compartir que comí una galette. Ni decir que me regalaron un libro que sólo son mensajes de texto. No sabéis dónde he estado ni a quién he conocido. No he sacado el móvil en las comidas ni en las cenas. No he podido disimular mirando el móvil mientras esperaba. He usado una libreta para apuntar cosas. He sobrevivido.

 

Igual los días raros eran los de antes. 

2 comentarios en “Días raros

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