A mi doctor

Yo quiero escribir un libro. De acuerdo. Hasta aquí todo se comprende. Todos me entienden. Pero, ¿qué pasa cuando quieres hacer algo por el fin y no por el medio? Verá doctor… yo es que sólo quiero escribir un libro para firmarlo. Siempre me he visto en una caseta, con varios bolígrafos azules Bic y sentada de forma incómoda firmando ejemplares de un libro. Ya no le digo el mío. Cualquiera me vale. De hecho, no hace falta que sea un libro. Podría firmar instrucciones de lavadoras, menús chinos, servilletas (con el previo “gracias puta” ya hecho, que se tarda mucho y habrá cola). Enciclopedias. Biblias. Cartulinas de manifestaciones pasadas. Sábanas de bienvenida. Felicitaciones de cumpleaños ajenas. Billetes de metro. Bragas acartonadas. Yo qué sé. ¿Por qué no? Y usted se preguntará: ¿Y por qué sí?

Pero yo pago. Y usted escucha. No me preguntes cosas. Yo sólo quiero firmar. ¿Te puedo tutear no? Ya. Ya lo sé. Tuitear no. Que le doy vergüenza. ¿Le importa si le firmo este diván? ¡Risto lo hace!

Yo quiero firmar cosas. Cosas que no me comprometan. Por las que no tenga que pagar ni aguantar. Cosas que la gente se plastifique o admire. O cosas que luego se tiren. ¡Qué importa! Yo sólo quiero firmar. Quiero poner dedicatorias profundas aunque las lleve aprendidas de casa. Quiero ser como esos que me firman los libros haciéndose los agradecidos y ponen frases sin sentido que yo personalmente me tomo la molestia y libertad de aplicarlas a la realidad. Son como horóscopos literarios. De esos que dan a las 2 de la madrugada pero sin trasnochar ni avergonzarte. Esperanza Gracia esto no va por ti, tú eres colega.

Doctor, ya he superado lo de no tener que firmar al pagar con tarjeta. Superé lo de firmar en las puertas del baño. Superé lo de ir a clase en la universidad para firmar en la hoja de asistencia. Con o sin dignidad, lo superé. Pero con esto no puedo. Tendré que escribir un libro. Me temo que sí, doctor. No veo otra opción que no implique la muerte y suplantación de identidad de algún autor. Seamos pacíficos. Y realistas. Un libro que sólo sirva para ser firmado no debe ser la hostia. Solo necesito tener amigos (SÍ, TÚ) y contactos (SÍ, VOSOTROS). Y que haya buen vino en la presentación. Qué digo buen vino. Que haya mucho vino. 

Ay. Sí. Me lo estoy imaginando. Lo veo. El libro empezará con la típica hoja semidesnuda, con esa letra pequeña y cursiva diciendo: A TI, MI DOCTOR. Y sólo lo entenderé yo para hacerme la interesante como hacéis todos los putos escritores de segunda, primera y tercera. «A mi Susanita, que sin ella este libro no tendría sentido». TE LA HAS FOLLADO, SE SABE. ¡Malditos!

Hoy es el día del Libro y estoy especialmente sensible con este tema. Estoy en esos días en los que haría cola para que me firmen un libro y al llegar le pediría al firmante si me permite sentarme en la mesa y firmármelo yo, que ya me conozco y sé lo que me gusta.

Ay. Disculpadme queridos lectores. Vengo aquí a hablar de mi libro… que no tengo y me olvido de vuestras cosas ABSURDAS DE MIERDA.

Que os firmen bonito, ellos que pueden.

Pero no olvidéis que firmar libros es un poco como masturbarse

y que el orgasmo siempre es fingido.

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