Desayunar en la cama es de guarros

Estoy en Cafelito. Posiblemente si no tuviese la motivación de desayunar aquí y sentarme cada fin de semana en el sillón marrón, no me levantaría hasta las doce. El sillón marrón me abraza. El desayuno no me sienta igual de bien si no estoy sentada aquí. A veces, a mitad de desayuno, si se queda libre el sillón, cojo la bandeja, el café, el bolso, el abrigo, el móvil, el libro, el vaso de agua infusionada (¡infusionada! El primer día que vine, pensé que se habían dejado detergente en el vaso pero no, ¡era cardamomo!) y me cambio al sillón. Y pienso en quedarme a vivir aquí. Me encantaría llegar a las diez de la mañana, desayunar tranquilamente y empalmar con el resto del día. Ya llevo hora y media. Algún día me dirán: «Oye, que eres muy maja y tal PERO QUE TE PIRES». Mientras tanto, aquí sigo.

Hoy he llegado muy pronto. Abren a las diez y a las diez y cuarto ya estaba entrando por la puerta. Mala suerte. Dos personas dentro y las dos personas sentadas en los únicos dos sillones marrones de Cafelito. Mala suerte. Malísima. Me he pedido un completo. Café con leche, tostadas de centeno con tomate y zumo especial de la casa (manzana, mandarina y naranja). Y por si fuera poco, la bandeja de mi desayuno venía con una mandarina ecológica de Valencia y el café con una galletita de canela y jengibre que dice «cafelito». Uno de los sillones se ha quedado libre, cojo mis bártulos y me cambio. Me dejo abrazar por el sillón. Empieza a venir gente. Gente sola. Las ocho mesas se ocupan por gente que viene sola. Una putada para Julio, el dueño y señor de Cafelito. No sé, creo.

¿Nos gusta desayunar solos? ¿Seremos solteros todos los que estamos aquí? ¿Tendrán pareja pero preferirán desayunar solos? ¿Y si esta cafetería fuese solamente para solteros? ¿Y si todos nos mirásemos cómplices pensando «estamos solteros porque queremos y mira que felices somos desayunando solos»? Molaría. Bueno, no. No sé.

Nunca me ha gustado desayunar en la cama. Es una puta guarrada. Migas por las sábanas. Mermelada en el pijama. Gotas de café. No me parece de Estrella Michelín, lo siento. Y la seguridad alimentaria deja mucho que desear en esa situación. Creo que os parece romántico porque lo hacéis en el sitio donde se folla y os parece una rebeldía amorosa de la leche. En todo caso, lo romántico (y vago) del asunto es que alguien te haga el desayuno. Independientemente de todo lo demás. No me creo que romántico sea desayunar como si estuvieras en la cama de un hospital. No me lo creo, lo siento. Perdonadme pero sois unos románticos un poco raritos. Y guarros. Muy guarros. Porque desayunar en la cama es una puta guarrada.

Lo romántico es despertarse por la luz que entra por los agujeros de las persianas, es dar un par de vueltas en la cama, es desperezarse como un león, es una ducha caliente sin prisa, es abrir las ventanas para ventilar, es salir a la calle y ver a la gente sin prisa y por supuesto, es desayunar en Cafelito.

cafelito

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