#RompesuelasVivo

Tengo seis años y peso 640 kilos.

Estrés, miedo y angustia.

Hoy me ha sonado el despertador antes de lo esperado. Entra mucha luz de repente. Gritos. Prisas. Más gritos. Hay gente nerviosa. Me entra taquicardia y me cuesta respirar. Me sacan de la cama a golpes. Nadie me dice nada. No entiendo qué pasa. Me pregunto todo el rato qué habré hecho mal. Me tiran, me arrastran, me tratan mal. ¿A dónde me llevan? Otra vez está todo oscuro. Tengo hambre y mucha sed. No me encuentro bien. Quiero descansar. Eh, ¿pero qué pasa? Me mareo. No puedo moverme. Pierdo el control. Choco contra las paredes. Frenazo.

Acidosis metabólica, marcador del sufrimiento.

Echo a correr. Hay mucho ruido. ¿Qué pasa aquí? Pitidos y gritos. No quiero girarme. No puedo. Tengo que salir de aquí. ¿A dónde van con esos palos? ¿Por qué me persigue tanta gente? ¿Qué quieren de mí? Corro. Corro. Corro. Hay caballos. Me alcanzan rápido. ¿Hacia dónde voy? No puedo más. Me clavan una lanza. Qué pena no morirme ya y aquí. Me quedo sin aliento. Se me nubla la vista. Creo que no puedo más. Estoy muy cansado. Otra lanza. Más gritos. La boca llena de arena. Me ahogo. No sé si conseguiré escapar. ¿Pero escapar de quién? ¿Por qué? ¿Qué he hecho? ¿A dónde voy? Me pesan los párpados. Tengo la boca seca. Voy a vomitar. Trago sangre y tengo heridas por todo el cuerpo. Siguen persiguiéndome. No paran. ¿Es que no van a parar nunca? Me resbalo. Es mi sangre. Me quedo sin fuerzas. No sé si podré continuar.

Muerte lenta y dolorosa.

Ya no puedo más. Lo siento. Me quiero morir. Me ahogo. Trago sangre. Más sangre. Que acaben con esto. Se me doblan dos piernas. No quiero seguir. Las otras dos. Caigo al suelo. Me duele. Tiran de mí. No quiero más. Los aplausos retumban en mi cabeza. Me gritan muy cerca sin soltar sus armas. Tengo una lanza enganchada y la retuercen para poderla sacar. Noto como los músculos se quiebran. El dolor es tan fuerte que no podría gritar aunque aún tuviese fuerza. Tiran otra vez de la lanza enganchada. Otra vez. Y otra. Intento levantarme. Levanto la cabeza. Asusto al que tengo enfrente pero caigo. Trago polvo. Gritos. La lanza sale. La gente aplaude. Los párpados se me aflojan. La cabeza me pesa. Mi sangre va mojándome poco a poco. Caigo de lado. Este suelo será mi último colchón. El sol me deslumbra al rebotar en la hoja de un cuchillo. Adelante. Me parece no escuchar nada. Por fin silencio. Tanta gente a mi alrededor y nadie me ayuda. Cierro los ojos. Por fin. Hasta aquí llegué. Me muero sin razón como manda la tradición.

La gente aplaude y no en mi honor. Debe ser que hay un héroe y no soy yo. Tenía seis años.


A ver cómo le explico yo a mi perro que ellos son los animales y nosotros los humanos. Quizás empezando por ahí. Quizás es que animal ya no es el ser bruto y el salvaje y humano ya no quiere decir el ser comprensivo y sensible. Hace tiempo que no. Al menos, no siempre ni para todos.

2 comentarios en “#RompesuelasVivo

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