Yo también exagero

p1El 5 de enero de 2016 salí del juicio y de vuelta a casa me compré un roscón de reyes tan pequeño que me sentí todavía más sola. Llegué a casa, le hice un par de fotos al Roscón y subí una foto a Instagram quitándole drama al asunto. Le quité la fruta escarchada, le di un bocado y cerré la caja. Hasta aquí mi fiesta.

Era mi primer día de Reyes sola, totalmente sola. Nadie sabía que estaba en Madrid y nadie se imaginaba por qué estaba en Madrid. Me sentí mal, triste. Me sentí mala persona, fea. Me sentí sola.

 

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Doblé en dos las cinco denuncias y las escondí donde pude, ni siquiera yo quería volver a encontrarlas. Me dejé caer en el sofá, me agarré a Max y no lo recuerdo nítidamente, pero me seguro que lloré un poco. Y mientras tanto, nadie sabía que estaba sola en Madrid y nadie se imaginaba por qué lloraba sola.

No podía contar nada pero la rabia de escuchar una y otra vez esto pudo conmigo: «Buena suerte»

Durante más de un año sufrí el acoso de un tío (un vecino, para mayor tranquilidad) y durante más de dos años he guardado todo esto en el mismo cajón: las denuncias, las pruebas que me dejó en la puerta de casa, los comentarios machistas de mis caseras o la indiferencia de algunos conocidos.

Llegué a creer que estaba exagerando, de verdad. Que si me seguían a la estación, al Retiro o al supermercado no era para tanto; que si me esperaban por las mañanas a que saliera y por las tardes a que volviera a casa que no había que darle tanta importancia.

«Le has hecho gracia», «se habrá enamorado», «pobre, dale una oportunidad», «bueno tampoco exageres»

Sin duda, me creí que estaba exagerando. Los días que llamaba a mi puerta y me gritaba que quería follarme, seguramente exageraba. Cuando seguía a gente conocida mía para decirles que yo al final iba a ser para él, era una maldita exageración. Lo siento si cuando me gritaba que le daba igual que yo llamase a la policía, que le compensaba morirse o ir a la cárcel parecía una puta exagerada. Perdón si exageré cada vez que tenía notas suyas debajo de la puerta. Siento haber sido una exagerada todas las veces que me hacía fotos a escondidas.

Viví muchos días con las persianas bajadas pareciendo todavía más exagerada y dejé de hacer cosas sola cuando se iba el sol pero sin duda, posiblemente exageraba. Me culpé hasta de ser una maldita soltera exigente. 

Todo me parecía una exageración hasta que un día me siguió a la oficina sin darse por vencido. Esa mañana decidí denunciar, sin embargo en las palabras de la policía intuí que ¡sopresa! de nuevo, quizás estaba exagerando un poco. Y allí me quedé, sola y fría en mitad de la Gran Vía, sin saber muy bien qué hacer con mi vida (a la que obviamente había empezado a odiar).

Denuncié eso y denuncié todas las cosas que vinieron después. Acumulé denuncias y horas en comisaría, aguanté los consejos de mierda de la gente (policías hombres principalmente), soporté la culpa de no haber hecho nada antes y el 5 de enero de 2015 fue el juicio y finalmente, vino la orden de alejamiento. Una orden de alejamiento que solo sirve para detectar cuando se la saltan, cuando algo ha pasado. Una orden de alejamiento que no es más que un quitamiedos de mierda para exageradas como yo.

El día que conseguí volver sola al cine de noche sin mirar atrás ni una sola vez supe que hasta aquí, que ya había pasado todo. Empezó a darme igual ser el chisme del barrio y entendí que estar sola no era sinónimo de soledad y debilidad.

Nadie tiene derecho a invadirme y a la vez, yo tengo la obligación de patalear si lo hacen. Porque la violencia machista no solo es entre parejas o ex parejas. Violencia machista no solo es una paliza en casa. Violencia machista no es solo una violación, es lo de antes y lo de después. Violencia machista es cualquier acto que ofenda y perjudique física y/o psicológicamente a una mujer.

Y es por esto que 2018 quiero empezarlo abriendo el cajón y contando todo esto, arriesgándome a parecer exagerada de nuevo. Porque yo también me he avergonzado. Yo también intenté hacer vida normal sin poder vivir con normalidad. Yo también esperé ser comprendida. Yo también busqué inútilmente apoyo. Yo también siento miedo al volver sola a casa. Yo también me sentí sola.

En 2018 hazte fuerte, denuncia, no te escondas, cuéntalo, pelea, lucha. Desgraciadamente (aún) todas somos un triste titular en potencia. 

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Un comentario en “Yo también exagero

  1. Pero esto te ha pasado a ti, Kuluska? Es horrible… Ya no escribes con la frecuencia de antes y me llamó la atención. Leí una entrada de Chicago, pensé que te habías ido una temporada. Cuenta conmigo como apoyo, como lectora fiel de tus escritos me ha entristecido mucho esta historia. Quizás es la historia de otra persona, pero sigue siendo igual de preocupante. Un abrazo grande

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