El viaje de las 2,800 millas

Veintidós días. Cuatro estados (California, Arizona, Nevada e Illinois). Más de diecinueve paradas. Nueve camas diferentes. Más de quince grados de diferencia en un solo día. Desierto y bosque. Lago y mar. Túneles y puentes. Un precioso Camaro negro descapotable. Dos almas errantes. Y un total de 2,800 millas.

Meses antes de subirnos al avión destino VACACIONES Los Ángeles, leímos (aprox) siete millones de artículos y blogs que hablaban sobre ese mítico viaje en coche por la costa oeste. Por lo visto, no éramos los primeros en tener esta gran idea…

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Buscamos, leímos, preguntamos, comparamos y después, lo hicimos todo al revés. La ruta «típica» que te encontrarás posiblemente sea esta:

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La cual respetamos pero no compartimos. No fue nuestra elección. ¿Desde cuándo las costas se bajan? ¡Las costas de toda la vida se recorren subiendo! (esa es mi teoría, tengo otras pero son de pago) Y así fue como todo lo que buscamos, leímos y comparamos no sirvió para nada. Por eso esta guía es única y sobre todo, indiscutible. 

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[ Si eres de esos viajeros pro que con su calendario, sus horarios y sus paradas previamente configuradadas, definitivamente esta no es tu guía. Sorry. PORQUE ESTA ES UNA GUÍA PARA ALMAS LIBRES. Not sorry]
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La aventura empezó en Los Ángeles y subió hasta el fondo (San Francisco) a la derecha (Lago Tahoe) para luego bajar todo recto (Vegas) y volantazo a la izquierda (Los Ángeles). Básicamente. 

Como Estados Unidos es re-infinito y tan solo deambular por la costa californiana te llevaría más de un mes, deberás priorizar si lo que tienes son dos/tres semanas para hacerte una gira de rockstar en condiciones. Y como es difícil priorizar cosas de las que no tienes feeling o no has visto: TIP#1 estructura el viaje en grandes bloques.

Nuestro viaje lo organizamos en dos grandes etapas tan básicas que dan risa y por las que me podrían quitar el carnet no homologado de guía turística: (1) subir de Los Ángeles a San Francisco y (2) bajar de San Francisco a Las Vegas, para volver y terminar en Los Ángeles. Nosotros además tuvimos bonus track y volamos de Los Ángeles a Chicago, pero ese es otro tema porque Chicago de costa oeste tiene lo mismo que Ciudad Real.

Dentro de cada bloque, está bien establecer varios «campamentos base» y (aquí TIP#2) reservar lo antes posible (sobre todo si viajas en verano) todo aquel alojamiento que será parada obligatoria. Ir sin ningún alojamiento puede ser una aventura inolvidable por molona o porque te sale una maldita úlcera si vas a sitios con un solo motel en 200 kilómetros. TIP#3 Si vas a alquilar coche, hazlo también al menos un mes antes, no por falta de coches sino por posible falta de billet€s si te esperas a última hora.

Por lo demás, para donde la cabeza, el corazón, el estómago, el olfato o incluso el gps te diga. Lo bonito de un viaje así es poder hacer lo que te da la gana cuando y donde te da la gana (siempre y cuando esté dentro de la legalidad).

 

1/3 De Los Ángeles a San Francisco

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Los Ángeles < Palm Springs < Santa Mónica < Malibú < Santa Bárbara < Morro Bay < Carmel by the Sea < Monterey < Palo Alto < Cupertino < Stanford

Los Ángeles

Esta ciudad da para una vida así que cualquier número aleatorio de días que te plantees estar allí siempre será insuficiente. Pero qué menos que tres o cuatro días para aclimatarte antes de tirarte a la carretera.

CAMA: Teníamos ganas de Freehand y allá que fuimos. Está en Downtown y vale 100% la pena. Ve rápido porque la decadencia característica del centro de la ciudad está en obras y ya nada volverá a ser como antes (creo). Comparte estilo con mi archiamado Chicago Athletic o ACE Hotel NY.

CAFÉ: Philz Coffee (y si sigues recto en esa misma calle y te compras alguno-de-estos-bollos en esta pastelería asiática -todo a 85c- ya flipas). Aunque nuestro favorito fue Verve Coffee (el de la 833 S Spring St).

EL SITIO: Si tuvieseis que estar en Los Ángeles tan solo un día, deberíais ir a la tienda-terraza-cafetería-saloncito-taller de Deus en Venice. Está en un rinconcito que os dejará muy buen sabor de boca en el que querréis quedaros a vivir pero lo siento mi amor.

DE COMER: Yo volvería casi todos los días sin duda al Grand Central Market porque tienen para darte todo lo que tú quieras papi. Y el resto de días iría a The Original Farmers Market (menos hipster pero más profundo) perfecto para tomarte una limonada, pollo frito y un helado de postre en Bennett’s Ice Cream. Si lo que quieres es desayunos 24h en mesas pegajosas servidas por señores de 97 años, este es tu sitio: The Original Pantry Café. De restaurante en plan bien, The Exchange (en el mismo Hotel Freehand): comida estilo mediterráneo con toques de Israel. Loco, loco.

HELADOS: Mucho antes en España y por casualidad empecé a seguir en Instagram a dos heladerías losangelinas. La primera y mi favorita: Salt & Straw, natural y con unos sabores loquísimos (mi favorito el de lavanda y miel). El segundo, en el centro, Little Damage famoso por su helado negro.

5 CHECKS OBLIGATORIOS:

  1. Venice (ya sea en la beach o en el boulevard).
  2. Observatorio Griffith. Sube al atardecer, y digo sube y no “ve” porque posiblemente te toque caminar colina arriba de la gente que hay. Allí tendrás la gran ciudad a tus pies. Por tu Instagram que vale la pena.
  3. En el Paseo de la Fama. No es de mis sitios favoritos pero.
  4. Beverly Hills, especialmente la calle Rodeo Drive donde todas, TODAS, todas las marcas de lujo del mundo están ahí. Pongo este punto en check y no en shopping principalmente porque no puedes comprar nada pero sí verlo todo.
  5. Malibú o Santa Mónica.

 

ATENCIÓN, ATENCIÓN:

  1. Sigue de cerca la agenda de Los Ángeles porque todos los días pasan cosas. Esto fue lo que nos encontramos, envidia: aquí.
  2. En esta página web podrás encontrar tickets gratuitos para asistir de público a diferentes shows, envidia también aquí.

Palm Springs

Hay que ir a Palm Springs. Sé que suena muy a sacrificio lo de invertir uno de los días en LA para ir a un oasis en pleno desierto. En menos de dos horas, sube la temperatura más de 15 grados y menos de tres horas te preguntarás qué hago yo aquí. Es un pueblucho artificial metido en una olla exprés con montañas que agobian mazo un poco. Hasta las ocho de la tarde no verás a nadie por la calle porque o se está muriendo o está en la piscina (muriéndose de calor).

Palm Springs surgió como refugio calentito para jubilados y diversos adinerados. Pues bien, sobre qué hacer en Palm Springs: lo mismo que un jubilado. Bañarse en la piscina a temperatura primer-vuelco-de-cocido-madrileño, quedarse pajarito a la sombra o debajo del chorro de aire acondicionado, salir a dar un paseo con los brazos en la espalda por los campos de cactus, tomarse una copichuela, cenar a las siete de la tarde, bañito en la piscina y al sobre. ¡Aunque! Si además tienes la suerte de que sea jueves probablemente podrás disfrutar del “Villagefest” (el típico mercadillo de feria con artesanía, limonada y berenjenas de Almagro).

CAMA: Persiguiendo los tópicos, fuimos a The Saguaro y sí, es como en las fotos. Color y piscina con flotadores gigantes. ¡Mola mucho!

 

CAFÉ: Es inquietante pero en este precioso infierno hay cafeterías que ya quisiera Madrid, por ejemplo: Ernest Coffee Koffi Coffee. Y hablando de cafeterías, en Palm Springs fue donde conocimos a nuestro fiel amigo Denny’s: Si no sabes dónde ir, ve a Denny’s (merecida TIP#3). Te quiero.

BEBER: El calor te llevará sin que te des cuenta a TIKI, un sitio de handcrafted drinks.

EL SITIO: Vale la pena coger el coche al atardecer y conducir hasta Mirror House.

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Santa Bárbara + Morro Bay

Salimos bien temprano de Los Ángeles y desayunamos por Malibú, donde muy sabiamente, los famosos tienen una casa de las de porsiaca. Disfruta de la carretera y de los surferos que se quitan el neopreno en la cuneta.

Nuestra primera parada fue Santa Bárbara, un mix de estilo colonial, surf y pescaíto frito. ¿Qué se hace? Visitar tiendas de surf como Surf -n-Wear, pasear por el embarcadero, comer un plato de cosas-de-mar-fritas en FisHouse y por supuesto, un café en Santa Bárbara Roasting Company.

Rumbo a nuestra segunda parada del día y el que sería nuestro dormitorio, llegamos a Morro Bay: una de las sorpresas del viaje. Turismo 100% local, una minicosta, focas gritonas, unas torres ¿nucleares? y algo parecido a un islote salvaje (Morro Rock).

La decisión de ir a Morro Bay (the Gibraltar of the Pacific, como se autodenominan ellos mismos) fue totalmente aleatoria porque en el resto de pueblos de alrededor (Pismo Beach o San Luis Obispo) no quedaba ni una sola cama (remember TIP#2).

¿Qué hacer en Morro Bay? Pasar el rato, básicamente. Pasear por la zona del embarcadero. Tomarse una cerveza. Entrar a esas tiendas de souvenirs que aún tienen recuerdos de conchas o cualquier otro residuo marino. Tomarse una cerveza. Pasar a unos recreativos de hace setenta y tres años. Tomarse una cerveza. Visitar la panadería del pueblo. Tomarse una cerveza. Y por último, ver el atardecer con las focas gritándote “LLÉVAME CONTIGO” y obviamente, te tomas otra cerveza. Ah, y enterarse de dónde hay música en directo para tomarte la última cerveza.

 

DORMIR: Tampoco vayas a ponerte exquisito. Cualquiera de las opciones cerca de la gran avenida del paseo te va a parecer bien: Bayfront Inn, Seaside Inn

COMER: El desayuno intermitente (ojo a los huevos benedict) obligatoriamente en Carla’s Country Kitchen. Uno de mis sitios favoritos (diría que casi de todo el viaje) fue este descubrimiento: The Libertine Pub. Una taberna casi sobre el agua donde la luz del atardecer choca contra los vasos de cerveza (que por cierto, tienen más de 40 variedades) mientras suena una bandurria un banyo de algún grupo de la zona. Increíble, palabrita. Y siguiendo con el tema comida con espectáculo, nos tomamos una última en el bar de al lado con las mismas vistas y con más música en directo: Otter Rock Cafe.

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Carmel + Monterey 

Ponte la chaquetilla que refresca, Maricarmen. Deja atrás aquellos días con el sol quemándote los hombros y cierra compuertas del descapotable porque la ruta por la Pacific Coast Highway es más fría de lo esperado. Carmel by the Sea (es que con ese nombre cómo no ser bonito) es un museo en sí mismo. La calle principal (Ocean Av.) está llena de inaccesibles tiendas y galerías de arte que podrás ver (desde fuera) con un café en mano, el nuestro fue de Carmel Valley Coffee Roasting Co.. Esto y Carmel Bakery, es de la poca gastronomía que puedo recomendar del lugar. De Carmel a Monterey, el ojo no descansa y tu calculadora mental tampoco, verás más y más mansiones, ranchos, coches de lujo… pero todo dentro de la dignidad, la elegancia y el saber estar. Y más allá de eso, estos acantilados posiblemente serán de las vistas más espectaculares del viaje.

Nosotros pasamos el día el Carmel y fuimos a dormir a Monterey (tampoco tuvimos muchas opciones donde elegir) y acabamos en Arbor Inn, que no estuvo nada mal. ¿Qué hacer en Monterey? La gente te dirá: ¡ver ballenas! Seh, bueno. Nosotros no hicimos esa excursión y tampoco es algo de lo que nos arrepintamos. Eso sí, paseamos por el antiguo muelle: Old Fisherman’s Wharf, por el centro más típico: Cannery Row y nos hubiese encantado haber entrado a la famosa Pebble Beach Golf, a pie de costa.

Por no hablar del Big Sur, imprescindible e impresionante lo mires por donde lo mires.

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Stanford, Palo Alto y Cupertino

La mañana antes de llegar a San Francisco nos desviamos para visitar la universidad de Stanford, Palo Alto y la sede de Apple en Cupertino. El recorrido por la universidad es gratuito pero el gran problema monetario llega cuando entras por la puerta de la tienda propia. Sin darte cuenta, necesitas la equipación del equipo de esgrima femenino, una falda de animadora, unos calcetines corporativos y hasta la cabeza de la mascota.

Nosotros no pudimos visitarla pero dicen que vale la pena visitar The Hannah House (la casa de unos profesores diseñada por  Frank Lloyd Wright en la que se puede observar la tarita que tenía con los hexágonos). Una vez allí, vale la pena visitar el downtown de Palo Alto y tomarse algo en Blue Bottle.

En Cupertino tuvimos la inmensa suerte de poder visitar las oficinas de Apple e incluso almorzar en su -maravilloso- comedor rodeados de gente inteligente de verdad. Antes, ya habíamos besado el suelo de uno de los sitios favoritos de Steve Jobs: Bagel Street Café y razón no le faltaba, allí probé el mejor bagel que he comido hasta la fecha: salmón con queso crema en un precioso bagel de espinacas. Posiblemente el sitio menos tecnológico y avanzado del lugar, de ahí, supongo, su éxito.

2/3 De San Francisco a Las Vegas

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San Francisco < San Rafael < Napa Valley < Lago Tahoe < Bodie < Mono Lake (Lee Vining) < Las Vegas < Grand Canyon

San Francisco

San Francisco es un tema. Por lo estrafalario, por sus empinamientos y por la sensación polar en pleno agosto.

5 CHECKS OBLIGATORIOS:

  1. The Painted Ladies (Álamo Square)
  2. Castro (nuestro Chueca pero a lo grande, hay un buen rollo que lo inunda todo)
  3. Fisherman’s Wharf
  4. Haight – Ashbury (este barrio es San Francisco, alerta especial con las tiendas de ropa de segunda mano)
  5. Mirador Golden Gate. Hay como millones de perspectivas y de sitios desde los que mirar.

Otros checks (esto es inabarcable, tendremos que volver):

  • Lombard Street (esa calle imposible tanto si la subes como si la bajas)
  • Twin Peaks (vistas desde bien arriba)
  • Union Square (cuenta la leyenda que una atractiva pareja de españoles buscando parking con su descapotable Camaro negro encontraron aparcamiento en la misma plaza justo en la puerta de la tienda Apple).
  • Chinatown (disfruta de los graffitis!)

TIP: El olor a barbacoa nos llevó hacia esta esquina de San Francisco. Un patio donde solo había hamburguesa, costillas o pollo a la brasa, bebida y patatas. Un gran acierto si te quieres sentir parte del ritmo de la ciudad y no un maldito visitante. Anota: 4505 Burgers & BBQ 

Napa

El valle de Napa, como excursión está muy bien pero tampoco te esperes encontrar con la revelación de tu vida. Si solo pudiese ir a dos sitios, iría (1) a la bodega de Francis Ford Coppola  aunque si no puedes comprar en la gran sede un par de botellas, no es demasiado difícil encontrar alguna variedad por los supermercados de por allí (“de por allí” ¡así jamás lograré la medalla de oro a la mejor guía turística! Vamos que no hace falta que vayas a Napa a-por-eso). Y también iría (2) a Oxbow Public Market, un mercado gourmet donde ver y probar lo mejor de la zona.  Aunque lo que no os he contado es que acabamos comiendo en un sitio que nos conquistó ofreciendo rare wine y smokin’ BBQ: Bounty Hunter Wine Bar. La lista de vinos es abrumadoramente abrumadora. AH! Por cierto, hartita de vino y con un viaje de vuelta (como copilota) por delante, busqué la mejor cafetería de la zona y acabé aquí: Napa Valley Coffee Roasting. Recuerdo con un cariño especial ese café con leche aromatizada con lavanda, el especial de la semana.

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Tahoe 

Yo le tenía muchísimas ganas al Lago Tahoe. Quizás lo tenía idealizadísimo pero cumplió sobradamente mis expectativas. La ruta de llegada al lago es fantástica, el verde se va haciendo más verde y de repente, sin saber cómo, quieres hacer kayak, tirolina y comprarte una cabaña de madera. La pena es que nuestra visita solo era parte del camino que cambiamos y rediseñamos la noche de antes sobre un mapa de carreteras extendido en la mesa

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y que nos llevaba de San Francisco a Las Vegas, por lo que no pudimos hacer kayak ni tirolina ni comprarnos una cabaña. Pero sin embargo, como la chispa de un viaje así es poder dar volantazo cuando te lo pide el cuerpo, el cuerpo nos pidió jugar una partida de minigolf en la orilla del lago. Yo hacía décadas años que no jugaba a tan respetable deporte y él tenía un swing que demostrar. Así que sí, volvería a señalar en el mapa Tahoe y sí, volvería a dar volantazo y jugaría una partida en el Magic Carpet Golf. 

Ese día salimos de San Francisco tempranísimo, paramos a desayunar en un local de desayunos para camioneros random, continuamos hasta el lago Tahoe y después, seguimos conduciendo por el frondoso, fresco y apetitoso bosque hasta que la tierra seca y abrasadora te da un guantazo* en la cara. En ese preciso momento, en el que en una hora escasa el bosque se convierte en desierto, aparece un In-N-Out como si de una revelación se tratase y te salva la vida. Recomendación: vuelve siempre que puedas a un In-N-Out.

*No miento. Atención a la gracia imperfecta del destino:

 

Bodie

Tras esta resurrección gastronómica continuamos hasta nuestra siguiente parada (ese día nos vinimos muy arriba y fue un lo quiero todo papi). Este punto posiblemente sea el diamante en bruto, la pepita de oro entre las piedras mojadas, el trozo de palo en la bolsa de pipas, la patata deluxe entre las patatas normales. Queremos pensar que hemos sido los primeros españoles que pusieron pie en esas tierras y hasta que alguien diga lo contrario y lo demuestre ante el juez , así lo seguiré creyendo: BODIE, el pueblo fantasma. 

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El desvío para llegar hasta este pueblo minero abandonado es importante pero vale la pena, de nuevo, dar volantazo (volantazo de más de 45 minutos, todo sea dicho). El precio de entrada son como unos ocho dólares y tienes tiempo ilimitado para visitar las no-tan-ruinas de este pueblo (en verano, cierra a las 18h). Es bastante impresionante ver como muchos de los elementos de un pueblo de ¿1870? siguen en pie, los puedas tocar, puedas comprobar que eso existió y que hubo gente tomando zarzaparrilla es esos kilómetros de aire espeso y caliente. Para que os hagáis una idea, todo está como si alguien hubiese gritado ¡CORRED! y nadie hubiese vuelto a cerrar con llave. Libros, vasos, coches, espejos, sábanas… todo sigue ahí lleno de polvo y en parte, de vida. Es como la zona de indios y vaqueros de Port Aventura pero en plan bien.

Mono Lake (Lee Vining)

Si unís los puntos de lo que ya os he contado: (1) hay que reservar con moderada antelación y (2) la noche de antes, la última en San Francisco, habíamos cambiado de planes y de ruta, os podréis imaginar que en este preciso momento, encontrar alojamiento fue imposible al 97% salvo por ese 3% que nos llevó a un lugar inhóspito: Tioga Loge frente a Mono Lake y antes de llegar a la civilización Lee Vining (que tampoco os quiero abrumar con datos científicos pero esto es todo amigos):

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Sobre el alojamiento que encontramos, pues bueno, teniendo en cuenta que 700 kilómetros a la redonda no había ni una sola cama / colchoneta, pues no está mal. Son una especie de diminutas cabañas con encanto pues han sido la localización de asesinatos múltiples  y muy acogedoras pues esa ropa de cama ha acogido ya a miles de personas.  Eso sí, el amanecer es una locura. El wifi también es una locura puesto que solo hay conexión en el mostrador del dueño. Entra el desayuno, el parking y tiene una terraza con mecedoras mirando al lago en las que procrastinar muy ricamente. Ya os digo, lo único malo es que temes por tu vida, pero todo lo demás genial.

Tampoco había muchas opciones para cenar por lo que acabamos (y acertamos) en Bodie Mike’s (BAR-B-Q). Hamburguesa chorretosa en un ambiente de domingueros eternos. Fan total de la vida.

Las Vegas

El día comienza pronto y de forma muy agradable ya que te sorprendes aún estando vivo en aquel motel con vistas al agua. Disfruta de esas vistas porque no verás agua natural en mucho rato. Bebe mucha agua y haz mucho pis, ¡nos vamos a Las Vegas! En realidad nadie gritó eso, es ficción. Tan solo estábamos a 105 horas a pie o, la que fue nuestra opción personal, 5 horas en coche. Al poco de dejar Lee Vining supimos que esto iba en serio.

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Kilómetros y kilómetros y kilómetros y kilómetros de carrera en línea recta en completa soledad. Y por supuesto, volantazo. Paramos en coche en el lateral de la carretera  y solo entonces supimos lo que era el silencio. No se escuchaba nada, ni a nadie, ni animales, ni viento, ni eco, ni ruidos lejanos. Nada. Sientes de verdad que te has quedado sordo porque hasta incluso hablando entre nosotros, la sensación era extremadamente extraña. Recuerda que durante muchas horas no habrá gasolineras ni tiendas ni gente ni internet y también recuerda que los grados van subiendo con la facilidad de una vitrocerámica de inducción. Esta será durante un buen rato tu carretera, tan preciosa como interminable: Tras más de 5 horas de carretera ver civilización a lo lejos es lo más grande, de repente tienes ganas de saludar y abrazar a todo el mundo, de hacerle luces a los coches… de hacer pis. Llegar a Las Vegas es como llegar a un Benidorm prefabricado en Marte, no lo entiendes pero te parece bien. Ya te visualizas en la piscina del hotel y echando monedas a máquinas varias. Todos los hoteles en Las Vegas son más o menos lo mismo, nosotros encontramos ofertaza y elegimos Treasure Island y claro, viniendo de las cabañas del lejano desierto, esto nos pareció gloriabendita. De Las Vegas, poco más decir más allá de lo que todos ya saben: pasear por LA calle, ir a un outlet, ¿visitar la tienda Coca Cola con todas las variedades del mundo? ¿tirar el dinero en alguna máquina del casino? ¿comer en el buffet de algún hotel? ¿hacerse una foto en el cartel “Welcome to Fabulous Las Vegas”? ¿creerse guay comiendo en Heart Attack? ¿Hacer una excursión al Gran Cañón? La única cosa que no está en las guías y que puedo recomendar es: Cómete un donut en Donut Bar.

 

 

 

Y nada, vuelta a Los Ángeles en coche (parando en un sitio mágico: el casino Gold Strike en Jean) y dos noches allí. Tiempo insuficiente, como siempre, para darle otro repaso a la ciudad, devolver el coche y gastarte los pocos dólares que te quedaban o te has encontrado bajo el asiento.

3/3 Chicago (bonus track)

Poco más tengo que añadir a la ya mundialmente conocida guía de Chicago, que recordemos que no es la mejor guía de Chicago porque es la única guía buena / SUELTO EL MICRÓFONO/ 

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aplausos.

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