A mi abuela.

Es mucho más fácil pedir un «no me olvides» tardío que insistir y pelear juntos por un «acuérdate».

11013216_10155504782790587_2182548773859262032_n

Hace poco más de un año que empezaste a olvidar el recordar.

Yo no recuerdo en qué momento decidí empezar a recordarte todos los días que no me olvidaras. Me parecía un buen plan. El mejor de los peores. Hacernos memoria y jugar a las adivinanzas. Preguntarte por cosas que ni siquiera yo conseguía recordar. Nombres. Sitios. Fechas. Recetas. Tablas de multiplicar. Idiota y egoísta por mi parte. Eso no se me olvidará.

Te cambio un «no me olvides» por un «acuérdate de mí». Sin presiones. Acuérdate cuando quieras y de lo que quieras. En silencio, sin decir nada. Olvídate de mí pero acuérdate de ti conmigo. Y después, olvídalo si tiene que ser así.

Prometo hacerte olvidar que acordarte de mí es tu única misión. Sé que cada vez que nos miremos a los ojos nos encontraremos en algún recuerdo. Quizás, incluso, en algún olvido.

Tus lagos rebosantes se vaciarán pero nadie podrá secar los míos. Y yo llenaré otros en los que estarás. Descansaremos en tus lagunas sombrías mientras te acaricio la mano. Descansaremos en mis lagos que aún vas llenando mientras te dejas acariciar.

Acuérdate tú, que de no olvidarte ya me encargo yo. 

A mi abuela.