Nebulosa internauta

nlyCuando lo más cerca que estoy de ti es cuando escribes un tweet que aparece detrás del mío, cuando te asomas quince milésimas de segundo por el chat de Facebook o cuando conviertes un corazón vacío de Instagram en uno muy rojo con solo pasar cerca tu huella. Cuando me conecto a Whatsapp y tú sólo hace un segundo que pasabas por allí. Cuando nos esquivamos por la nebulosa internauta. Cuando paseamos solos mirándonos en una pantalla. Cuando nos alejamos porque tenernos en cada ventana sin vistas parece suficiente. Estar tan cerca todo el rato nos aleja. Nos separa. Nos llena los huecos de algodones que no son de azúcar. Nos hace sentir que ya hemos estado juntos, que me has contado que tal tu día, que me has rozado queriendo.

Cuando nuestra frontera es una puta pantalla.

Cuando los abrazos se escriben y los besos se mandan.

Cuando nos vemos en lugar de vernos.

Las barcas del Retiro

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1. Ella rema mientras él mira el móvil. Ella empuja algo que ya no tira y él no ayuda. Dentro del móvil, él pasea por el Instagram de otra mientras espera por whatsapp la respuesta definitiva. Ella confía en este viaje y él confía en poder decirle que ya no más. Los viajes salvadores no existen y Madrid no es París.

2. Un niño lleva un chaleco salvavidas naranja y está con un padre enamorado de su madre que ahora estará haciendo lasaña para otro. «En mi cocina», en la que fue su cocina. Hay miradas perdidas y conversaciones medio forzadas. El padre sonríe cuando su hijo le mira. Y el niño le mira sólo para que sonría.

3. Un matrimonio con una niña que fantasea con ser Miley Cyrus. El padre rema hacia adelante y la madre hacia atrás. La barca da vueltas mientras la niña abre los brazos y se siente estrella. Se olvida de las gafotas, del aparato y de la barriguita que le sale por debajo de la camiseta rosa con lentejuelas y mangas de tul.

4. Una pareja que debe sumar 135 años parada en una esquina del estanque. Ninguno rema. Cansados, hacen tiempo a la sombra. Se observan sin mirarse y se hablan sin decirse nada. No tienen ganas de remar pero subirán cada domingo a las barcas mientras sean dos.

5. Un grupo de tres amigos que van rotándose para remar. Lo único que les une es hacer un viaje para salir del pueblo un fin de semana. Más que amigos, son familia. El pueblo es pequeño y es lo que les tocó. Nadie se eligió. Son tres piezas que encajan aun siendo de puzzles diferentes.

6. Cuatro amigas se hacen selfies con un palo reluciente y se comentan las fotos en Instagram y Facebook. En su barca no se escucha nada. No saben de qué hablar. Nadie quiere remar. A veces se ríen muy fuerte al leerse en el móvil. Ponen morritos y compiten por ver quién gusta más.

7. Una alemana que rema sola al sol. Vino enamorada a Madrid y se quedó enamorada de Madrid. Rema sola, como siempre. Los hombros rojos y los ojos llorosos. Madrid está lleno de chicos guapos, le cuenta a todos. Pero su madrileño sigue sin llamar.

8. Una despedida de soltero en la que el novio, ya borracho, no puede remar. Está recostado en la barca mientras sus amigos se balancean para rozar la desgracia. Pide que paren, que se quiere bajar. Y ellos no paran de gritar que lo mejor está por llegar.

9. Una tercera cita entre dos jóvenes que acaban de salir de misa. Él rema apretando los dientes para evitar la erección y ella sonríe poniéndose el bolso entre las piernas. Él rema con fuerza pero es la falda de ella lo que le hace sudar. Ella cree que ya ha encontrado al hombre su vida y él cree que esto no es vida.

10. Una joven atractiva y exitosa chica con la bici tirada en el césped entre guiris en bikini mirando las barquitas del Retiro y pensando que sí, que la vida a veces se parece a un paseo en barca.

¿Qué pasa con mi vida si me muero?

Me han entrado los nervios de pensarlo. He abierto las ventanas con ansiedad y me he puesto a fumar. En realidad, no. Pero bueno, ¿y qué?. ¿Si me muero, qué? ¿Quién se queda mi Facebook? ¿Qué pasará con mis tweets? ¿Qué mierda harán con mis fotos de Instagram?

No, en serio. ¿QUÉ PASA? ¿QUÉ PASA CON MI VIDA SI ME MUERO?

Esta semana he visto dos veces (no una, DOS) cómo en Facebook escribían un mensaje de despedida dedicado a una persona que había muerto. Hasta aquí, correcto. Lo extravagante viene cuando al final del texto se etiqueta a esa persona. Bueno, a ver. Mira, no. No hacía falta. Es un poco «MIRAD, Y ESTE ES EL MUERTO». Y claro, como la gente somos de personalidad inquieta y curiosa muy cotillas, pinchamos en el nombre. Como si nos importase o algo. En realidad, no. No nos importa nada. Pero accedemos al perfil. Y no contentos con eso, leemos con morbo sus últimas publicaciones mientras gritamos al cielo «¡Pero si ayer estaba vivo!». Normal. Tranquilidad, que lo peor está por llegar. En su página de Facebook hay gente que le ha escrito. A ver, sí. Te dicen que se ha muerto tu mejor amigo y le escribes en el muro de Facebook porque en el cielo no crees, pero en una fibra óptica que une la vida y la muerte, sí. Le escribes un comentario pero es como que necesitas más. Entras en sus últimas fotos y se las comentas. Que no le falte de nada. Que tenga notificaciones para rato. Total, tiene para aburrirse toda una eternidad.

No sé muy bien quién se hace cargo de todo esto ni cómo funciona. Por un lado, pienso que no está mal pasear por su vida una vez más, una última vez. Pero también pienso que no, que no hace falta. Que una vez ya no tienes vida que mostrar ni compartir, es inútil.

A veces pienso que si me muero un domingo y la gente entra en mi Facebook lo que verá es una publicación con fotos del sábado, borracha, con el eyeliner corridísimo o en el peor de los casos, con una pegatina de Jagger en el flequillo. Y esa no soy yo. Bueno sí, pero poco. Tampoco me gustaría que mi última actualización fuese algo triste porque daría indicios de suicidio. Tampoco me gustaría morirme el día de mi cumpleaños sin responder a todas las felicitaciones porque pensarían que era una rancia (que lo soy, pero joder, me acabo de morir, un poquito de buenos pensamientos, no?). Tampoco me gustaría que por casualidades de la vida un día antes de morirme hubiese subido a Facebook la canción de EL TAXI y la gente se quedase con esa imagen de mí.

También pienso que si me muero, cuál sería mi último tweet. Porque somos así de hijosdeputa morbosos. Seguro que si me muero retuiteáis lo peor de mí. Sin piedad y sin compasión. Seguro que me enviáis fotos de croquetas carbonizadas en señal de luto. Seguro que en las noticias salen pantallazos de mis tweets y no me gustaría que POR ERROR le llegase esa información a mi madre.

Tengo mil preguntas sobre la muerte pero tengo muchas más sobre la vida que se queda en el aire cuando nos morimos. ¿Nuestra vida se acaba cuando nos morimos o cuando nos cierran las redes sociales? ¿Pensáis que deberían habilitar un GHOSTBOOK para poder golismear la vida de los usuarios vitalmente inactivos de Facebook (me lo imagino como un cementerio 2.0 y en lugar de dejar flores dejas ‘Me gustaba’? ¿Creéis que en Quitter podríamos ubicar a los tuiteros muertos? ¿Al final va a tener razón la gente que se despide cada noche en las redes sociales como si nos importase o algo? ¿Al morirnos Google+ se autodestruye? ¿Al iniciar sesión deberíamos dejar escrito un borrador que Twitter lance en caso de desgracia? ¿Pensáis que en el cielo tienen Mac o PC? ¿Habrá wifi del bueno? ¿Y croquetas? ¿HABRÁ CROQUETAS SÍ O NO? MALDITA SEA, CONTESTAD.

En fin, que espero no morirme porque el Twitter no me lo voy a quitar. Y EL TAXI va a Facebook otra vez, eso seguro.

Mi Facebook huele a muerto

9:27 / Lunes. Enciendo el ordenador, caliento el café en el microondas, miro la agenda, leo el correo, saco el café del microondas y abro Facebook.

Scroll down. Subo y bajo. Bajo. Subo. Buceo. Pincho aquí y miro allá. No hay nada interesante, bueno, a ver, no es que no sea interesante vuestra vida, simplemente que no hay nada sorprendente. Está bien así, a mí me gusta. No hay grandes noticias. Ni buenas ni malas. Regalo varios ‘Me gusta’. Leo dos artículos. Veo tus fotos del sábado y me entero de cómo os ha ido el domingo. Los más nocturnos se juntan con los más madrugadores en las actualizaciones. Y de repente, me dan ganas de llorar.

Es una sensación que tengo desde hace tiempo. Una especie de nostalgia, rabia y desazón. Mezclada con una indiferencia (mal gestionada) por mi parte. Puede sonar muy triste pero para mí, Facebook es como un cementerio.

Vale que hago limpieza general cada cierto tiempo pero el olor a muerto y a rancio no se va. A ver, no es que tenga amigos muertos con cuentas de Facebook activas (¡no, por dios!) son otras movidas. Son amigas con las que no me hablo desde hace tiempo, son fotos de 2008 con esas amigas, son viajes con ahora casi desconocidos o amigovios sin señal ni cobertura. Tengo Facebook lleno de cosas inexplicables como quien guarda azucarillos de sus viajes (¿soy la única que cuando alguien le dice que colecciona azucarillos pregunta si vacíos o llenos? Me imagino que un sobre de azúcar es un objeto de bichismo fácil). También hay compañeros de clase con los que no tengo ninguna intención de tomarme una caña, gente de la universidad que dudo que vuelva a ver o gente que conocí un fin de semana en una ciudad random. No quiero decir que me sobre esa gente, ni siquiera me molesta. Pero pasear y verlos por mi Facebook es como estar paseando por el cementerio de mi vida. Están ahí, los puedo ver aunque en el fondo no están conmigo. Si apareciesen de nuevo me alegraría muchísimo pero también me daría susto y no sabría que hacer con ellos. A ver, no es que para mí estén muertos, es que estáis en otra vida que no es la mía. ¿Os estáis liando? Yo también.

Que sí, que menos mal que está Facebook para no perder el contacto y poder reencontrarse con gente pero, ¿contacto DE QUÉ? ¿Estar en contacto con alguien es recibir PASIVAMENTE fotos de su vida, de sus viajes, de sus perros? ¿Estar en contacto con alguien es darle ‘Me gusta’ a lo que dice sin ir más allá? Quizás el problema es que estar en contacto con alguien ahora es ‘tenerle de amigo’ en Facebook. Estar en contacto contigo ahora simplemente es tenerte de contacto. Y eso es muy triste.

Hay una teoría (el número de Dunbar) que dice que una persona puede prestar atención y dedicación como máximo a 150 personas. El resto es (eres, sois, somos) paja. Y en Facebook pasa lo mismo, coleccionamos cosas (gente) que nos cuenta cosas más o menos interesantes y que nos dan más o menos igual. Pero como cualquier álbum coleccionable, se puede perder. Yo perdí el mío de las Spice Girl sé lo que duele por experiencia. 

Ante esta triste e inútil sensación solo veo dos soluciones (igual de malas):

1. Actualizar anualmente Facebook. Borrar histórico. Eliminar fotos. Que Facebook caduque. Que me refresque la vida. QUE OS PETEN. 

2. No echarle la culpa a Facebook ni a la gente que tengo en Facebook (pobrecicos) y hacer cosas: Resucitar lo mediomuerto y matar lo que hace tiempo que no respira. QUE ME PETEN.

Aún así y a pesar de las frases lapidarias, las imágenes de amaneceres o los angelitos con purpurina, Facebook es y será mi cementerio favorito. Las cosas como son.

Mi primera foto en Facebook. Nochevieja 2008 en París. Con un ex-. 

Esto va a Twitter

Estaba tenso porque pensaba que luego hablaría de él. Que diría en Twitter lo que odio a los tíos a los que les sudan las manos, a los que se piden té rojo para merendar. Que me reiría de su camisa de cuadros y que le llamaría algo terminado en –er. Que le diría a todo el mundo lo tonta que es la gente que se quema la lengua por las prisas de no quedarse callado. Que me burlaría de los que pegan el chicle en el pañuelo de los mocos y piensan que nadie se ha dado cuenta.

Pensaba que escribiría en Facebook algo sobre qué hacer con los tíos te chocan la lengua en el primer beso y con los que te tocan el cuello aun sabiendo que tienen las manos congeladas. También pensaba que posiblemente hablaría de qué hacer cuando no sabes si lanzarte o quedarte esperando. Pensó que si después pasaría a limpio algunas de sus bromas que no pillé.

Pensaba que todo lo que estaba pasando en ese mismo instante era material explosivo entre mis manos. Estaba tenso porque pensaba que quizás debíamos comer croquetas y beber mistela para que todo saliese bien. Que yo estaría retuiteando mientras él me hablaba de sus cosas. Pensaba que yo estaría mirando a las teclas y no a sus manos. Que estaría hablando de Instagram y no de cómo me gustaba que me peinase mi abuela para ir al colegio cada lunes. No sé. Pensaba que yo diría más tacos, que hablaría más alto y más fuerte. Que no me escondería en la bufanda. Pensaba que le diría todo el rato: “Esto va a Twitter”. 

Y pensaba mal porque yo sólo quería estar con él. Con su té rojo, su chicle pegado al clínex y su camisa de loser hipster leñadorer canadienser moderner lover guaper.

Que se enteren todas las redes sociales porque esto va a blog. 

movil

El amor y otras redes sociales

Naces. Creces. Te sigue en Twitter. Le haces FAV. Te hace RT. Le sigues. Te manda un DM. Le contestas. Te manda otro. Le contestas. Os cruzáis en Tinder. Le da a ‘corazón’. Le das a ‘corazón’. Hacéis match. Os saludáis. Él jiji. Tú jaja. Te sigue en Instagram. Le sigues. Le da ‘like’ a todas tus fotos. Le mandas un DM. Te contesta. Os pasáis a Whatsapp. Te habla. Le hablas. Te habla más. Le hablas más. Os encontráis en Facebook. Te pide amistad. Os agregáis como amigos. Le gusta lo que pones. Te gusta lo que dice. Te comenta. Le das a ‘me gusta’. Te habla por el chat de Facebook. Le hablas por el chat de Facebook. Os encontráis en un bar. Te saluda. Le das dos besos. Con suerte os reproducís. Y ya no hay tiempo para más PORQUE TE MUERES.

(de vieja, del asco o de ganas)

Los nuevos baños

Dicen que las redes sociales son los nuevos bares. Que no os mientan. Las redes sociales son los nuevos baños de los bares. Al fondo a la derecha, siempre. Y a la izquierda casi siempre.

Las redes sociales, como los baños de los bares, son sitios sospechosos, con una luz que nos hace parecer alguien diferente. Cuando bajas a los baños todo es distinto. Vas de interesante. Miras a la gente achinando los ojos en plan “no me suenas pero ya me vas sonando”. El tiempo en los baños de los bares pasa rápido. Parece que has estado 5 minutos y han pasado 35 minutos. Te haces la simpática pero lo que ves en el espejo no eres tú. Ese alguien se parece a ti pero no. Ese alguien tiene verborrea. Hablas como si estuvieras salida. Y todo te pasa MUY FUERTE. Cada puerta individual de los baños es un mensaje privado caliente, una indirecta en el muro de tu Facebook, un calentón absurder, una cagada sin importancia, un polvo cibernético o una meada fuera de contexto.

En los baños siempre tienes tiempo para desconocidos y te gusta. Normalmente hay gente esperando para pasar que hace de timeline en Twitter: se cuentan cosas, critican otras, otros se meten la lengua y tú… de repente, conectas con alguien. Alguien que ya ha meado y que posiblemente no se ha lavado las manos. Y no te importa. Como desconocidos que sois, habláis de cosas absurdas, os abrazáis, os reís muy fuerte y encontráis cosas aleatorias en común. Fuera de los baños esas risas no tienen sentido. Y lo sabes. Fuera, en el bar, os miráis de reojo, como mucho. No le contarás nada a nadie. Volverás a rodearte de desconocidos de verdad. Las redes sociales son los nuevos baños porque la verdadera realidad es el bar.

No os pretendo convencer de nada pero comparto con vosotros unos argumentos irrefutables:

  1. En los baños y en las redes sociales todo se magnifica. Como en Gran Hermano. Lo mejor parece pasar en lo oscuro. Y mejor si mira todo el mundo. 
  2. A veces sólo encuentras mierda. Pero es algo con lo que contabas. 
  3. Te sueles bajar las bragas sin haber pestillo. A lo loco. ¿Qué más da? Y tan dignamente.  
  4. Las redes sociales no pueden ser los nuevos bares porque NO HAY VINO. Ni tapas.
  5. Y al final, vengas de donde vengas, de las redes sociales o del baño, todo acaba en el bar. En el bar de verdad. Con su merchandising de Trina y todo.

En fin. Que yo ya me he cansado de escuchar que las redes sociales son los nuevos bares. Es mentira. Bueno, a excepción del bar TUENTY que hay en mi pueblo, pero eso es otro tema sobre el que profundizar con calma. Las redes sociales son los nuevos baños de los bares. Que molan más. Aunque huelan raro. 

 

Benditos baños, papi. 

RT pis. 

Corazón. Corazón. Mierda.

Amor, no sé cómo decirte esto. Es algo difícil. Seguro que lo entiendes. Es muy importante para mí y me ha costado mucho dar el paso. “Que no es para tanto”, pensarás. Sí lo es, amor. Soy una cobarde porque no lo hago mirándote a los ojos. Lo sé. Pero quiero darte un tiempo para que pienses en esto. Yo sé que lo haces porque quieres lo mejor para mí pero no podemos seguir así. No podemos. Y lo sabes. Ay, amor…

Tampoco sabía cómo decírtelo. Pensé enviarte un whatsapp, escribírtelo por Facebook o decírtelo por Twitter. Todo me parece frío. Por eso decidí escribirte una carta. Como las de antes, sabes? Luego la he pasado a ordenador para que la entiendas mejor. Porque quiero que me entiendas a la primera, amor. No te lo voy a repetir más veces, amor.

NO ME ENVÍES MÁS PUTAS INVITACIONES DEL CANDY CRUSH HOSTIA YA JODER QUE PARECES TONTO ME CAGO EN DIOS. 

Te quiero, amor.

Compra huevos.

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