Perretes de marca blanca

#DíaPerroSinRaza‬*

Soy muy anti “Días de” pero cualquier ocasión me parece buena para hablar de mis perretes de marca blanca. No sé si los perros mestizos son más listos, más sanos o más despiertos. Pero sé que te esperan antes de saber que llegarás. 

Max es mestizo y adoptado. En sus dos primeras semanas de vida, Max no era Max. Era Mulato porque ni era blanco impoluto ni negro azabache como sus hermanos. Fue el último de los tres en ser adoptado. Max no es de una raza, es de mil. Incluso juraría que tiene cosas de otros animales. Lo peor es cuando alguien te pregunta por la raza, le dices que no tienes ni idea, que crees que no es de ninguna, que es mestizo, un perro de marca blanca. Lo peor es cuando la conversación se para con un «Ah» desinteresado. Y digo “lo peor” por ese alguien, que no se entera. 

Solo algunos afortunados saben que la raza poco tiene que ver con el pelaje, con las supuestas aptitudes o con el origen. La raza es la valentía con la que te defienden sin pensárselo dos veces, son los reflejos espabilados, la paciencia con la que te cuidan, el cariño que buscan por las noches en el sofá, es su forma de mirarte.

Max no es un héroe. No ha salvado a nadie de un incendio. No me lo encontré dentro de una bolsa de basura en un contenedor. No me empezó odiando. Nunca le pegaron con la escoba ni tiene traumas raros. Tampoco me trae el periódico ni respeta mis comidas. Está sano y le gustan los baños de espuma. Nadie hizo negocio con él ni nació para ser vendido. Puede que Max no tenga pedigrí y puede que sea un chucho cualquiera, pero me lo da todo. Siempre más de lo que espero. Y creo que eso es suficiente para considerarlo un perro «de raza».

*No tienen marca para que no los puedas comprar. 

A Max y a Sultán.

maxsultan

Dale una vuelta

Cosas que me imagino cuando alguien dice semejante barbaridad:

  • Me imagino con las ideas escritas en un folio. “Dale una vuelta”. Y yo le doy la vuelta al folio. Lo que estaba abajo se pone arriba. Se ve regular. Pero si lo intentas, el texto parece estar en otros idiomas. Es muy loco, le cuentas sin dejar de mover en círculos el folio. No sirve para nada pero has acatado órdenes muy rápido. El ordenante de vueltas se queda perplejo. Por la rapidez, supongo. 
  • Si lo tengo escrito en el ordenador, le doy la vuelta a la pantalla. De repente ese curro pasa a ser de mi compañera de enfrente y asunto zanjado por hoy. Nos vemos mañana.
  • Si me hago la sorda, me doy una vuelta. Vuelvo en un par de horas. Reenvío la misma cosa. ¿Pero no habías dicho que…? Le explico que estoy sorda. Me entiende. Pero no me comprende. Me escribe un mail que dice “Dale una vuelta. ¿Cómo lo ves?”. Mal. Y ya es tarde para hacerme la ciega.
  • Si me dice “Dale una vuelta” mientras mira a otra persona (previamente has tenido que quedar con alguien para que llame su atención mientras hablamos), vas hacia esa persona y le das un par de vueltas sobre la silla. Se mareará y quizás vomite. Si el pedidor de vueltas intenta retomar la conversación puedes gritar ES USTED VOMITIVO. No se lo puede tomar a mal porque en el fondo es culpa suya. Quería una vuelta y tú se la has dado. Y si se lo toma mal, pues oye, mala suerte. O buena. Porque no le tendrás que dar una vuelta a nada. Nunca.
  • Me imagino que un alguien le dice a otro alguien que tengo al lado “Dale una vuelta” y esa persona me coge de la mano, me levanta de la silla y me da una vuelta típica de baile de salón. No te rías porque el cliente lo ha dicho muy en serio. Dale una vuelta. Agito los pechos. Brazos semi paralelos al cuerpo. Cuello estirado. Baila, hostia, hay un cliente mirando. Me dice el otro alguien. Casi lloro. Luego los dos nos quedamos mirando nerviosos al cliente para ver qué puntuación nos da. Por lo visto quiere comentar esa puntuación con tu jefe. No os alarméis. En el fondo son tiburones inseguros. 
  • Si tengo una licuadora cerca, es muy fácil darle una vuelta a la idea. De hecho, una vuelta nunca es suficiente. Voy a darle muchas vueltas. Imprimo las ideas, las comparto con la licuadora, le doy al ON y ¡oh cielos! Milagrito del niño Jesús. Muchas vueltas. Vueltas infinitas. El resultado es una idea de mierda. Literalmente.
  • Si tengo el programa abierto y me dice por teléfono “Dale una vuelta”, cambio de orden las palabras. Y lo hago sin reírme. Muy seriamente. Soy toda una profesional. Sentido tiene no. Pero la vuelta dada está.
  • Si te pillan cocinando ¿? y llaman para pedirme que le dé una vuelta, se lo agradeces y le das la vuelta al pescado con total normalidad. ¿Para qué están los compañeros de curro? ¡Casi se me quema! Joder, da gusto trabajar con gente como tú… oye te tengo que colgar. Enciendes el horno y metes la pizza. Mañana será otro día.
  • “Dale una vuelta” dice el jefe. Me repatea que me pida la cosas así, sin más explicaciones. Voy a su casa, cojo al perro y le doy una vuelta por el Retiro. Al volver me pregunta por las nuevas conclusiones y le digo que las recogí con una bolsa verde y están en la papelera. Aparentemente sanas. Sin grumitos raros. Color caca. Lo normal, vaya. Nunca hubiese llamado conclusiones a la mierda de perro. En fin. Cosas de tiburones inseguros. 
  • Suena el teléfono y te piden que le des una vuelta. Sacas la cinta de la minicadena, le das la vuelta y pulsas Play. Acercas el teléfono a la música, dices “ya está”. Cuelgas. Qué gente más rara.
  • ¿Qué le dé una vuelta? ¡Este tanga aún está limpio! Me cuelgan. Normal. Pero mentira no es. 

 

También puedes enviar tu trabajo diciendo “vuelta incluida” al final. No añadas guiños. Hablas en serio. Y si no lo pilla, agita los pechos. O hazle un giro de baile de salón. Invítale a comer pescado. Gira el folio en bucle espiral hasta que vomite. Dedícale una canción de Don Omar. Pregúntale por la caca de su perro. 

O cuéntale amablemente que a la expresión «DALE UNA VUELTA» también habría que darle una vuelta. Por ejemplo:

Piensa otra cosa. Rima mejor. Elige nuevas palabras. Cambia los colores. Añade más. Quita menos. Rima otra cosa. Cambia más. Piensa los colores. Elige mejor. Añade otra cosa. Quita los colores. Elige más. Añade los colores. Quita otra cosa. Cambia menos. Rima nuevas palabras. Piensa mejor. 

 

Date una vuelta, anda. 

 

 

Mi Máximo

Mi Máximo

Hace un año estábamos así.
Se juntaron sus ganas de tener casa y mis ganas sentirme en casa.
Yo cuidando de él y él cuidando de mí.

Cuando adoptas un perro, sin querer… el perro te adopta a ti.