Se va. Se fue. Se ha ido.

Se va. Se fue, aunque con puntos suspensivos. Se ha ido.

Mañana vuelvo a casa. Después de dos meses.

Me imagino llegando a casa, recordando lo que escribí sobre si él ya no me esperaría en la puerta. Y me imagino que no está. Que no me espera. Que lo que escribí está ahí. Está sin estar. Curioso.

Me imagino llegando a casa y cumpliendo mi rutina. Abrimos la puerta de la entrada y yo dejo la maleta en mitad del pasillo. Le busco en la cocina y allí está. Sorprendido. Se alegra de verme, lo sé. Me recuerda. Le digo cosas que posiblemente no entienda pero le gustan. Cojo la maleta y me sigue hasta la habitación. Jugamos en la cama. Nos dejamos querer. No hay prisa. Salimos a pasear como lo hacíamos antes de huir a Madrid. Respiro y noto la sal del mar en el aire. Miro la luz encendida de mi casa entre los arbustos.

Me imagino volver a casa después del paseo. Mi madre me cuenta alguna anécdota para justificar que él sabía que yo vendría. Que se pasó toda la tarde en mi cuarto. Que durmió la siesta sobre algún suéter mío. Que le decía mi nombre y se iba a la puerta. Mil cosas. Ya os lo dije. No mentí. Él me espera sin saber que llegaba. Me esperaba.

Pero sólo me lo imagino porque prefiero no pensarlo.

Me escuecen los ojos.

sultan

Anuncios

Se fue con puntos suspensivos

Pero algo quedó. Está en el aire. Sigue en el sofá. Pasea por el pasillo. No hablo de espíritus. Es esa sensación que dejan las idas recientes. Que el fin de la vida del otro no puede suponer el fin del otro en la vida de uno. Por eso, él sigue ahí. No sé dónde, pero sigue.

Que se haya ido era el punto que le faltaba a la historia de su vida pero a ese punto y final, yo le añado dos puntos más. Tres puntos suspensivos en total. Porque sigue ahí. Aquí.

Imagen

Es un perro, sí.  La vida junto a un perro no es fácil. Es de locos. A veces sientes que desvarías, que es una obligación sin sentido. A veces. Porque luego te das cuenta de que eres algo demasiado importante en su vida. Y te vuelves loco. Te vuelve loco. A veces te miran mal porque hablas con alguien que va a cuatro patas. Incluso a veces te sientes mal porque tienes que llevarlo atado con una correa como si fuese un animal. Maldita sea.. sí que te vuelves loco, sí.

Lloras, ríes, le riñes, se ríe, llora, lloras, te ríes.. y así una vida.

Sin buscarlo, sientes una extraña conexión con alguien que no es de tu especie, que no se expresa como tú, que no anda como tú y que por supuesto no finge como el resto. Sin saber cómo lo encontraste, sientes una extraña conexión con alguien que te mira como nadie, que te busca, que te espera, que sonríe a su manera. De repente, llega. Sin buscarlo. Sin saber cómo os encontrasteis. Pero llega. Afortunadamente.

En mi caso (y en el de mi familia), afortunadamente, Sultán llegó. Pero también se fue. Se fue con puntos suspensivos. Porque sigue ahí. Porque a su punto, nosotros le añadimos los dos restantes:

Uno por llegar sin buscarlo. Y dos, por encontrarnos. 

(Dibujo de @ptyniki)

Balance 2013

ACTIVO

Activo no corriente

Inmovilización intangibles

– La rabia y el asco hacia la situación del país se mantendrán inmovilizados hasta nuevo aviso aunque no puedo prometer que de intangibles pasen a ser tangibles en forma de hostia.

– El amor prometo tangibilizarlo más. Más abrazos y más de todo.

Inmovilización tangibles

– Me he comprado un sofá y una estantería que aunque quiera, no los puedo mover.

– Como cosa tangible, me inmovilizo en Madrid. 

Inversiones financieras largo plazo

– Creo que tengo acciones de una empresa muy maja.

– Mi próxima inversión financiera a LP será un colchón.

– Me acabo de comprar unas botas de piel. Espero que por lo que he invertido en ellas, sean para largo

Inversiones inmobiliarias

–     Mi piso recién estrenado va aquí, no?

 

Activo Corriente

Existencias

– Tengo tres cuentas de redes sociales activas muy al corriente de mi vida.

– Un perro muy activo que corre mucho.

– Tengo electricidad activa y hay corriente porque la he pagado hace poco.

– Mi cuenta corriente anda escasa de activos.

Realizable

– Un viaje a Chicago.

– Una ruta de la croqueta.

– Una lasaña de carne y verduras en mi horno nuevo.

 

PATRIMONIO NETO

– Mi capital está fatal.

– Tengo muchas reservas en el armario porque mi abuela me ha dado botes de tomate y queso en conserva.

– No tengo subvenciones ni por joven ni por guapa ni por lista.

– Estoy abierta a donaciones.

– El resultado del ejercicio es positivo, aunque ya he dejado el gimnasio.

 

PASIVO

Pasivo no corriente

– Que no salga a correr no significa que sea pasiva.

– Si tengo deudas no estoy al corriente de ello.

– Obligaciones: Ir a trabajar, hacerlo bien y hacerlo a gustito.

– Bonos: Bonometro zona A

 

Pasivo corriente

– Proveedores: Espero que no me falle mi proveedor de internet ni el de zumo de manzana.

– Deudas a corto plazo: Le debo 10 euros a mi madre.

– Anticipos: Ya nadie me paga por adelantado. 

 

EN DEFINITIVA:

  1. Tengo más derechos que bienes. Bueno… quizás no.
  2. No tengo efectivo suelto. 
  3. La caja hace eco.
  4. Existen letras pendientes por escribir.
  5. Hay reservas en la despensa.
  6. He amortizado una maleta y unas zapatillas.
  7. Poseo cero vehículos pero tengo un perro que podría transportar una bolsa de patatas. LLENA. 
  8. Los beneficios de este ejercicio superan los de 2012.
  9. Mi único anticipo es que 2014 llegará para quedarse.

Mi Máximo

Mi Máximo

Hace un año estábamos así.
Se juntaron sus ganas de tener casa y mis ganas sentirme en casa.
Yo cuidando de él y él cuidando de mí.

Cuando adoptas un perro, sin querer… el perro te adopta a ti.

Nos conocimos en Internet

Y por primera vez, lo digo y no me avergüenzo.

Recuerdo que tenía tres fotos en su perfil: la primera (y la que más me gustó) estaba él de pie mirando a cámara con una mirada limpia, transparente, juguetona; en la segunda foto estaba con unos amigos y en la tercera salía asomado en una puerta. Me sobraron las dos últimas fotos. En la primera ya me había enamorado.

Necesitaba saber más. Busqué su edad casi con ansia, «demasiado joven para mí», pensé. De repente, vi una dirección de correo. ¿Esto es en serio? ¿Y si le escribo? ¿Querrá algo? ¿Ya se habrá olvidado de este perfil? ¿Seguirá disponible? ¿Me querrá? ¿Le querré? Para, para, para. Despacio. Vayamos por partes.

Abrí Gmail y le pregunté directamente si quería que nos viésemos. Juro que yo nunca he hecho algo así. Y no sé si volvería hacerlo. Pasé la mañana refrescando la página del correo. Y por fin, llegó. Casi no me contaba nada, pero acabamos quedando en la estación de Chamartín en el andén del tren que llegaba de París a las 9:00 del sábado. Llovía muchísimo y de camino al metro se me estropeó el pelo, pasé mucho frío y tenía sueño (¿por qué tuvimos que madrugar tanto?). Estaba realmente nerviosa. Subí las escaleras mecánicas mirando hacia atrás por si reconocía alguna cara y tropecé.

No hizo falta bajar hasta el andén porque lo vi esperando en la entrada. Inmediatamente supe que acabaríamos en mi casa. Me dio un beso en la nariz, yo le abracé, nos miramos como si ya nos conociésemos de toda la vida. No sabía cómo tocarle, ni por dónde empezar.

Me fui a casa sin él pero volvimos a vernos el lunes. Él y su equipaje cabían perfectamente en mi mochila. Subimos al metro y la gente no paraba de mirarnos, bueno… le miraban a él. La primera noche casi no pude dormir, solo quería mirar como dormía, tocarle la barriga para que se sintiera seguro en casa. Él si pudo dormir y me pareció verle sonreír mientras dormía apoyado en la almohada.

El resto ya es historia. Se juntaron sus ganas de tener casa y mis ganas sentirme en casa. Yo cuidando de él y él tirando de mí. Entendí por fin que cuando adoptas un perro, sin querer… el perro es el que te adopta a ti.

4 23