Publicidad engañosa

Cada día pasaba por un centro de Oportunidades de El Corte Inglés. Siempre era lo mismo, mirando al interior de reojo. Siempre por encima del hombro. Siempre con desdén. Siempre sin querer tener nada que ver con lo que estaba viendo.

Estuve a punto de afirmar que no existía una luz más amarillenta que la de ese interior, ni moqueta más mugrienta que la de ese suelo. Lo que sí podía confirmar es que no había gente más gris que la que se movía lento por esos pasillos tan desordenados.

El lunes llovía. Caía de lado, de derecha a izquierda, lo recuerdo, pero con inexacta inclinación. Llovía como nunca y yo, como siempre, sin paraguas. Las medias caladas, los zapatos de charol negro me hacían chof chof y la capucha del abrigo era completamente insuficiente. Asustaban los truenos, iluminaban los relámpagos. Riachuelos veloces corrían por la comisura de las calles.

Aceleré el paso todo lo que esos zapatos de salón me permitían y sin dejar de mirar los adoquines, entré a cubierto. Me quité la capucha mientras levantaba la vista y allí estaba. Había entrado en el Centro de Oportunidades. Mis zapatos mojando la moqueta y la luz rancia alumbrándome. Ahora eran otros los que me miraban de reojo.

Avancé por el pasillo principal y me encontré con más gente triste que gris. Atravesé aquella jungla rancia esquivando pantalones de pana marrón y zapatillas Puma y descubrí que aquello no era lo que parecía desde fuera. Era un lugar acogedor de tan deprimente lleno de gente un tanto rara que parecía sacada de un bloque publicitario del Telecinco de 1992. Se movían lentos del cansancio, de la espera. Decenas de ojos vidriosos, cientos de manos sudadas y demasiados dientes apretados. Un tipo con un ramo de margaritas marchitas entre las manos al que le temblaba la rodilla derecha. Una bailarina que estiraba en bucle y un futbolista calentando. Un dúo musical que no paraba de hacer gorgoritos y un señor que recitaba un texto sin llegar nunca a pasar de la primera frase. Al fondo, un chico con una nota arrugada entre las manos dándole la espalda a una mujer que miraba fijamente el teléfono.

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Sonaba algo de jazz barato como en cualquier otra sala de espera pero lo que toda esa gente no sabía es que las oportunidades no se piden ni se buscan ni se esperan. La publicidad engañosa lo había vuelto a hacer.

Y tú, ¿cuánto tiempo llevas en el Centro de las Oportunidades?

 

Love funnel

Love funnel. ¿Suena divertido, verdad? Pues no lo es. No es tan fun como parece. El origen de todo esto es el archiconocido brand funnel (eso que parece un embudo o una pirámide alimenticia invertida). Esa cosica-bonica que utilizan los sabios-de-lo-que-sea-que-sean-sabios para explicar qué hay detrás de un proceso de compra normal y cuánta gente se va quedando por el camino porque alguien lo está haciendo malfatal. Es decir, qué pasos se siguen hasta llegar a la estantería y decir «Oh, sí. Me lo llevo. Para mí, para siempre».

Como somos de naturaleza consumista y materialista *da un sorbo a su café de Starbucks y continúa tecleando en su MacBook Air* solo lo aplicamos a cosas comprables (marcas, productos…) pero yo pienso: ¿acaso hay algo que produzca más ansiedad por encontrar y adquirir que el corazón más rojo, precioso y amoroso del mundo? Al final, buscamos el amor (ok, nadie busca porque el amor surge como la magia y los vapores de Islandia) como quien va de compras. Miramos, comparamos, probamos y si hay otro mejor, cambiamos sin remordimiento. A veces no hace falta que sea algo mucho mejor, vale con que nos dé menos problemas. De precios mejor ni hablamos.

El Love Funnel (Embudo del Amor tiene menos tirón y me recuerda al vino de brik, pero ese es otro tema) también es un proceso que va dejando cadáveres sentimentales por el camino. Un maldito proceso de cuatro o cinco fases que no me he inventado yo. Ya veréis. En el amor también hay marketing y como en el amor: todos empiezan, muchos siguen, pocos continúan y casi ninguno roza la puntita. De la pirámide, claro.

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¿Cuántas personas saben que existes?

Notoriedad. Atención. Conocer. Que sepan de ti. Atraer a seres vivos.  Hacerse notar. Holaquétal. Igual te sueno de otras redes sociales o incluso de algún bar. Es probable. Me gustan las croquetas, ya te lo habrán contado. El reto es construir algo lo suficientemente atractivo y diferente como para calar. Que se acuerden de ti. De lo personaje que eres. De que te gustan las croquetas. De que alguien alguna vez te ha visto en Tinder. Tus redes sociales hablan de ti, tus amigos hablan de ti… Y tus exs también. No lo olvides. Esta fase es mundial, cualquier persona o extraterrestre con buen wifi puede entrar en contacto contigo. Mete barriga.

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¿En cuántas mentes calenturientas estás presente?

Familiaridad. Interés. Vale, me suenas. Ya te conozco. Tienes algo diferente al resto. Cuéntame más. Cómo podemos conectar. Quédate. Esto es como una primera cita. Cuenta tus ventajas y aliña un poco tus cosillas negativas. Facilita información. No me gustan las olivas y sería mejor retirarlas de la mesa, gracias. Parece normal aunque no lo seas. En este paso es posible que haya menos gente. Toda de calidad, por supuesto.

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¿Cuántos creen que tú sí que vales?

Consideración. Deseo. Eres una de las mejores opciones. Algunos ya querrían quedarse contigo. Da razones. Beneficios funcionales (sé hacer de comer) y emocionales (te sentirás muy bien cuando te haga de comer). Te tendrán en cuenta. Para cosas. Quieren saber más de ti y tú te das a conocer a fondo. En plan bien. Pueblo de tus abuelos, horóscopo, artes culinarias y amatorias, película favorita, no a los toros, sí a la adopción de animales, instinto maternal, gran experiencia dar besos con lengua, tortilla de patata con o sin cebolla, odias a Mr.Wonderful y esos matices tan arriesgados que pueden hundirte o elevarte al cielo del amor. Di la verdad. Siempre. A menos que quieras decir mentiras. Que también es respetable.

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¿Cuántos se quedan contigo?

Acción. Te compro. Palante. Dar el paso. Decidirse. Que te lleve a casa. Con su familia. Un domingo. A comer. Sonríe. Mmmmm. Qué rico todo. No. Pero no pasa nada. Luego vais al Burger en un #pliki.

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¿Cuántos siguen junto a ti?

Loyalty. Tema serio. ¿Te quiere solo a ti? ¿Repetiría? ¿Volverá a llamarte? ¿Te recomendaría? Y lo más importante, ¿sois felices?

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Ay, el amor. Que ni se compra ni se vende pero aquí estamos…  en el mercado.

Dale una vuelta

Cosas que me imagino cuando alguien dice semejante barbaridad:

  • Me imagino con las ideas escritas en un folio. “Dale una vuelta”. Y yo le doy la vuelta al folio. Lo que estaba abajo se pone arriba. Se ve regular. Pero si lo intentas, el texto parece estar en otros idiomas. Es muy loco, le cuentas sin dejar de mover en círculos el folio. No sirve para nada pero has acatado órdenes muy rápido. El ordenante de vueltas se queda perplejo. Por la rapidez, supongo. 
  • Si lo tengo escrito en el ordenador, le doy la vuelta a la pantalla. De repente ese curro pasa a ser de mi compañera de enfrente y asunto zanjado por hoy. Nos vemos mañana.
  • Si me hago la sorda, me doy una vuelta. Vuelvo en un par de horas. Reenvío la misma cosa. ¿Pero no habías dicho que…? Le explico que estoy sorda. Me entiende. Pero no me comprende. Me escribe un mail que dice “Dale una vuelta. ¿Cómo lo ves?”. Mal. Y ya es tarde para hacerme la ciega.
  • Si me dice “Dale una vuelta” mientras mira a otra persona (previamente has tenido que quedar con alguien para que llame su atención mientras hablamos), vas hacia esa persona y le das un par de vueltas sobre la silla. Se mareará y quizás vomite. Si el pedidor de vueltas intenta retomar la conversación puedes gritar ES USTED VOMITIVO. No se lo puede tomar a mal porque en el fondo es culpa suya. Quería una vuelta y tú se la has dado. Y si se lo toma mal, pues oye, mala suerte. O buena. Porque no le tendrás que dar una vuelta a nada. Nunca.
  • Me imagino que un alguien le dice a otro alguien que tengo al lado “Dale una vuelta” y esa persona me coge de la mano, me levanta de la silla y me da una vuelta típica de baile de salón. No te rías porque el cliente lo ha dicho muy en serio. Dale una vuelta. Agito los pechos. Brazos semi paralelos al cuerpo. Cuello estirado. Baila, hostia, hay un cliente mirando. Me dice el otro alguien. Casi lloro. Luego los dos nos quedamos mirando nerviosos al cliente para ver qué puntuación nos da. Por lo visto quiere comentar esa puntuación con tu jefe. No os alarméis. En el fondo son tiburones inseguros. 
  • Si tengo una licuadora cerca, es muy fácil darle una vuelta a la idea. De hecho, una vuelta nunca es suficiente. Voy a darle muchas vueltas. Imprimo las ideas, las comparto con la licuadora, le doy al ON y ¡oh cielos! Milagrito del niño Jesús. Muchas vueltas. Vueltas infinitas. El resultado es una idea de mierda. Literalmente.
  • Si tengo el programa abierto y me dice por teléfono “Dale una vuelta”, cambio de orden las palabras. Y lo hago sin reírme. Muy seriamente. Soy toda una profesional. Sentido tiene no. Pero la vuelta dada está.
  • Si te pillan cocinando ¿? y llaman para pedirme que le dé una vuelta, se lo agradeces y le das la vuelta al pescado con total normalidad. ¿Para qué están los compañeros de curro? ¡Casi se me quema! Joder, da gusto trabajar con gente como tú… oye te tengo que colgar. Enciendes el horno y metes la pizza. Mañana será otro día.
  • “Dale una vuelta” dice el jefe. Me repatea que me pida la cosas así, sin más explicaciones. Voy a su casa, cojo al perro y le doy una vuelta por el Retiro. Al volver me pregunta por las nuevas conclusiones y le digo que las recogí con una bolsa verde y están en la papelera. Aparentemente sanas. Sin grumitos raros. Color caca. Lo normal, vaya. Nunca hubiese llamado conclusiones a la mierda de perro. En fin. Cosas de tiburones inseguros. 
  • Suena el teléfono y te piden que le des una vuelta. Sacas la cinta de la minicadena, le das la vuelta y pulsas Play. Acercas el teléfono a la música, dices “ya está”. Cuelgas. Qué gente más rara.
  • ¿Qué le dé una vuelta? ¡Este tanga aún está limpio! Me cuelgan. Normal. Pero mentira no es. 

 

También puedes enviar tu trabajo diciendo “vuelta incluida” al final. No añadas guiños. Hablas en serio. Y si no lo pilla, agita los pechos. O hazle un giro de baile de salón. Invítale a comer pescado. Gira el folio en bucle espiral hasta que vomite. Dedícale una canción de Don Omar. Pregúntale por la caca de su perro. 

O cuéntale amablemente que a la expresión “DALE UNA VUELTA” también habría que darle una vuelta. Por ejemplo:

Piensa otra cosa. Rima mejor. Elige nuevas palabras. Cambia los colores. Añade más. Quita menos. Rima otra cosa. Cambia más. Piensa los colores. Elige mejor. Añade otra cosa. Quita los colores. Elige más. Añade los colores. Quita otra cosa. Cambia menos. Rima nuevas palabras. Piensa mejor. 

 

Date una vuelta, anda. 

 

 

Comisión de café y palmeritas

Ojalá.

Pero yo elegí -o me eligieron- en la comisión de comunicación, departamento de identidad “corporativa”, apartado “IMAGEN”. Tercero A. 15M.

Que sí, que no miento. El 15M tenía un grupo de trabajo poco reconocido para estas cosas. Necesitábamos dar una imagen clara sobre esto, que muy fácil de digerir no era. Que además era algo muy alocado y que tenía como supuesta bandera unas rastas mal cuidadas. Vale.. necesario igual no era. Pero tampoco prescindible. Eso sí, nuestro grupo de trabajo era mucho más banal que el de economía. O el de “análisis crítico”.  O que la comisión de “megafonía”. O la de “infraestructura”. O la de biblioteca. O la comisión de “Dinamización de asambleas”. Sí, dinamización. DE ASAMBLEAS.

A nosotros, los dibujantes, creativos, diseñadores, publicistas, estrategas etc. que estábamos en ese grupo se nos vacilaba. Sí. La primera noche se hizo el grupo con mucha ilusión. Con tanta ilusión que la hostia de después fue muy rica. Al principio íbamos de la mano con los más valorados de comunicación, los respetados periodistas. Luego esa mano pasó de ser de “mano parejita paseando” a mano de padre arrastrando a hijo. A hijo creativo. Imaginaos. Horrible.

Nadie nos entendía. Diría que nadie “de dentro” nos quería. Que no éramos importantes. Que hubiéramos estado mejor en la comisión de veganismo – área comestibles que no den sombra- subsección café ecológico.

Yo sólo sé que mucha gente invirtió su tiempo, le dedicó muchas horas, mucho cariño y dejó su curro apartado para montar una idea. El 15M era una cosa y como no nos dieron el valor que necesitábamos, se convirtió en un todo, en algo grande pero borroso. En… una mancha de chocolate. Que sí, que el chocolate está fabuloso pero es una mancha. La gente sabía por lo que estaba allí pero, ¿todos estábamos allí por lo mismo?. Los medios de comunicación aceptaban cualquier información que les llegase. Nada era oficial. Ni  mucho menos cierto.

Nosotros, “los corporativos”, peleamos por una idea. Que por cierto, no ganó. Pero fue una idea que vivimos y que por supuesto compartimos. “Ya ha empezado” para mí era respirar hondo. Era coger fuerza. Era una hoja en blanco. Todos sabíamos que el 15M era una puerta abierta. ¿Para qué? ¿Quién sabe? ¿Quién sabía…?

Recuerdo una noche de la primera semana, esperar en la choza donde estaban los periodistas “internos” del 15M (joder, es difícil explicarlo sin que parezca una movida de cuatro zumbados). Allí estaban “los jefecillos” (risas) que manejaban el cotarro. Los que sabían qué querían contar a los medios pero sobre todo aquello que no querían contar. En aquel momento, era lo que había que hacer. Supongo. Y allí estábamos, con nuestra idea, unos logos impresos y nuestras caras de tontos. Esperamos al lado del plástico que servía de entrada de la choza (más risas) para que uno de ellos nos recibiera y poder enseñarle lo que íbamos a lanzar, algo que podría representar “un poco” lo que era el 15M y que serviría para intentar unificar una imagen de esto frente al resto. Y el caballero por fin, se asomó (atravesando la suave tela plastificada que separaba las diferentes estancias de la choza jajaja) y dijo no. Tan absurdo como cierto. Ahora lo pienso y digo: ¿NO, QUÉ? Pringao.

Empapelábamos la plaza y nos la desempapelaban. Repartíamos pegatinas y nos metían bronca. Muchas broncas. Muchas indirectas. Muchas cosas feas. Ahora me río, en serio. Me río mucho. Pero no fue risa.

Entonces te das cuenta de que este tipo de cosas no puede funcionar. Que jamás se podrá hacer algo así bien.

Pasaron los días, las asambleas. Pasaron muchas cosas. Pasaban muchas cosas absurdas. Pasaba que alguien con barba y voz de señor te decía que al hablar debíamos decir que “todas éramos compas”. Pasaba que si alguien con un micrófono te preguntaba debías decir “compañerxs”. Pasaba que yo no sabía quería decir esa palabra. Pasaba que me daba la risa. Y la pena.

Lo cuento y os juro que me gusta recordarlo. Fue increíble. Yo acababa de llegar a Madrid y estar allí me pareció una suerte. Pero también me da mucha pena. Y risa.

. . .

Un saludo a todos ellos. Mis anti asamblearios favoritos, directos al grano, peleones, eficaces, listos. A los que me invitaron a hacer chapas, a pintar cien pancartas. Con los que repartí doscientas pegatinas. Con los que pasé mil horas. A los que me hicieron creer en algo. Aunque aún no sepa en qué.

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Fin de la asamblea.

Cierro megáfono.

Agiten sus manos.

Ah, compas!

Hace falta más pan integral.

Pasaron los días. Y siguen pasando.

Ya ha empezado. Y sigue empezando.

http://www.publico.es/espana/377486/carteles-consensuados-de-los-indignados-en-sol

http://situacioncritica.es/ya-ha-empezado/

http://www.flickr.com/photos/yahaempezado/5744143199/in/photostream

Publicidad, vino y tonadilleras.

Siguiendo la tendencia actual, debería ser apocalíptica y decir que la publicidad es caca. Y como tal, terminará desintegrándose o abonando otros campos. Las moscas vendrán y alguien dirá en voz alta: “la publicidad es una mierda”.

Pero no.  No lo creo. O sí. No sé.

El sábado por la noche, cuatro que parecemos normales pero nos dedicamos a  la publicidad cosas oscuras, tuvimos tertulia sobre la publicidad. Y a pesar de todo el vino que había, fue algo deprimente. Noté en el ambiente cierta tristeza. Era como si nuestra “amiga” la publicidad estuviera agonizando en la cama de un hospital y nosotros, sus amigos, estuviéramos en la sala de espera, esperando… pero con las copas bien llenas de vino. Cómo somos los buenos amigos, eh?

Y justo el lunes, vi esto: http://www.hombretranquilo.com/2014/01/no-seas-publicista/  ¡Justo lo que necesitábamos! ‘No seas publicista’ es de la escuela del ‘No busques trabajo’ de Risto. Y me jode.

Que sí, que están muy bien, pero no son realistas. Y si lo son, no son consecuentes.

Me hace especial gracia eso de que “la publicidad tiene que reinventarse” porque os imagino a muchos diciéndolo mientras os coméis un helado de chocolate y os chorrea por la comisura de los labios. Tan bobos…

Parte de la culpa (la otra parte de culpa la tenemos el resto) la tienen los gurús del mundillo, que por cierto, no son pocos. A veces pienso que los guruses sois (por si me lee alguno diosnoloquiera) artistas que no han podido llegar a serlo. Sois como esos entrenadores que no pudieron llegar a futbolista. Como esos enfermeros que no les da la nota para médicos. Sois una mala influencia. Buscáis el aplauso y si queréis que os aplaudan, mi consejo es que os planteéis ser tonadilleras.

Y perdón a los enfermeros.

La publicidad es como un juego de roll. Dentro todo es tan importante que te olvidas de comer, de dormir, de salir, de vivir. De ducharte. Pero fuera, ¡ay amigo! Fuera la publicidad es un 2×1, es el anuncio del Calvo en Navidad y Ana Rosa vendiendo cremas con veneno de serpiente entre un reportaje sobre secuestros y una exclusiva de Paquirrín. Fuera… dedicarse a la publicidad es crear cancioncillas, para algunas abuelas (¡un saludo yaya!) es salir en los anuncios y como mucho, hacer un vídeo cortico con la primera idea que tuviste ayer por la tarde.

Vale que la publicidad ya no es lo que era pero pensar en antes es lo que nos apalanca. Sé publicista si te da la gana, claro que sí. Quéjate. Cambia lo que no te guste y pírate cuando la cosa te mosquee. Al menos inténtalo. Dedícate a lo que te salga de… dentro, no seré yo quien te haga una lista quitándotelo de la cabeza. Que por cierto ya lo hice cuando mi hermano me dijo que quería ser chef de cocina. Y ahí está. Petándolo. ¿Y sabéis qué? Él trabaja los domingos, tampoco tiene horarios, trabaja festivos, crea platos nuevos cada día, se quema, se corta, llora, patalea… Y ahora, ¿cómo lo ves? ¿cómo te ves?

No soy una gurusa de la publicidad, de hecho casi acabo de llegar, por eso espero que no me toméis en serio. Yo sólo quiero que de vez en cuando salgáis de la burbuja y penséis que lo que hacéis no es tan importante. No busquéis los aplausos porque esto no es un circo.

Como veis, yo también sé hacer reflexiones desde “”””la humildad”””. Esta profesión es fantástica pero ya está. Ni es la más puta ni la más guapa. Así que por favor, bajad los humos, subid las persianas y abrid las ventanas.

QUE ESTO YA HUELE A CERRAO.

Este anuncio es como… Montserrat Caballé haciendo un calvo

Estaba escribiendo un post sobre ‘la felicidad’ cuando han estrenado el nuevo anuncio de Lotería de Navidad (https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Iwk8-wDcaEc). He tenido que cambiar la posición de entrecejo fruncido a una de estupefacción cosquilleante.  

Poco me importa vuestra opinión sobre el anuncio porque qué leches sabréis vosotros –la mayoría. Compis del sector: guiño y givemefive– de publicidad y de lo que la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (SELAEtraefloja) (¡y qué Estado!) quería como anuncio estelar.

Poca broma con el elenco. Los cantantes escogidos han tenido que pasar por un arduo proceso –realizado por Renfe- llamado “selección variada y aleatoria basada en el ‘a ver qué tenemos por aquí’ de contenidos” (igual os suena). En serio, bravo por la selección. Han conseguido representar musicalmente a  toda la población española (la no silenciosa, se entiende). Aunque llamarlos “las mejores voces de España”, igual es una exageración innecesaria. 

A mí me parece bien el anuncio, tiene fuerza, es potente, es sorprendente, es … una castaña, ¡pero sorprendente! Y no hay nada mejor que una castaña potente y sorprendente para dedicarle tiempo y hablar sobre esto. 

Yo no echo de menos al calvo, ¿tú sí? Pues él a ti no. Supongo que si este año hubieran metido al calvo, vuestros comentarios irían más por la línea editorial de “otra vez el puto calvo”. En fin. No hay quien os entienda. Parecéis mujeres.

He notado (aunque no me importe) cierta desilusión por vuestra parte al ver el anuncio, ¿qué esperabais? ¿Un anuncio de la pandi que pasó el verano en Formentera haciendo paellas con pimiento y contagiándose la enfermedad del beso volviendo a casa en un vuelo no lowcost? Por el amor de dios, es Navidad: luces, árbol, nieve, canciones suavecitas, Raphael, bufandas de lana, un abuelo sonriendo, un pueblo a oscuras, purpurina… y una señora con postizo abriendo la boca como si se le hubiese quemado el cordero en el horno. ¡Pobre Montse! Y es que, ahora en serio, así no se hacen las cosas. No podéis tener a una señora a la que le duelen las rodillas tanto rato de pie. Y con el postizo tirante. 

Esto con el calvo no pasaba.

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Comer picotas o pililotas

No es lo mismo pero sí.

He visto a más mujeres quejarse por la retirada de este anuncio que a hombres. Y eso que salen tetas.

Antes de meternos en la piscina de barro con nuestros denigrantes trajes de baño y retozar como cerditas y cerditos en celo veamos el aterrador documento: http://elpais.com/sociedad/2013/07/01/actualidad/1372694995_151110.html

¿Exactamente qué es lo que nos (debería) hace(r) pupita a las mujeres de este anuncio? ¿Qué hablen de ”verdades como puños”? ¿De que  “el tamaño sí importa”? ¿Qué salga una chica con la boca abierta? Ya se sabe que todas las chicas únicamente abrimos la boca para tragarnos lo más grande. Y ojo, que enseña hombro. Y cohetes, muchos cohetes erectos volando fálicamente.

También dicen que “Cuanto más pequeña mejor”. Manda cojones. Y las ofendidas son las mujeres, que sí, que ofensivo PORQUE ES MENTIRA.  “Cuanto más madurita, más sabrosa”, yo siempre digo “A las duras y a los maduros”, pero sí, es muy denigrante decir sabrosa sabiendo que estamos hablando de… ¿de qué estábamos hablando? ¿De picotas o de pililotas?. Y aquí es donde salen dos manolas, bueno, solo un escote.  “Las más dulces, tersas y sabrosas son unas frescas”. Y otra vez una chica con la boca abierta tragando sin parar. Too much.

¿La igualdad es un postureo? ¿Es un a veces sí, a veces no? ¿Las mujeres no somos ya lo suficientemente libres como para enseñar? ¿Podemos hablar sin tapujos del sexo? ¿De los rabitos? ¿De pollas duras? ¿Y qué pasa si queremos ser unas frescas? ¿Deberíamos preocuparnos más por proteger nuestra imagen? ¿Deberíamos retirar todos los anuncios de suavizantes? ¿Y los de bikinis? ¿Queremos proteger nuestra imagen o protegernos a nosotras? ¿Es la publicidad lo más preocupante? ¿Qué hay de la vergonzosa gestión de la violencia de género? ¿Por qué en las empresas hay hombres que cobran más? ¿Por qué insistir en que la cúpula política haya un 50% de mujeres? ¿Por qué sí? ¿Para sentiros mejor? ¿Y si no todas son válidas? ¿Podemos decir que hay mujeres “no válidas”? ¿Por qué, zeñó, por qué?

Basta ya de tratarnos como especiales cuando defendéis la igualdad. Es insultante.

Y por último, algo que me parece curioso… las feministas de FEMEN se descubren el torso para cualquier causa que lo requiera. Me parece extremadamente respetable pero ¿tetas (que no son tetas en este caso, solo es un bonito escote) en publicidad no? ¿y tetas justicieras sí? Hagamos una cosa:

SI NOS QUERÉIS, comednos la chirimoya IRSEN.