Microputada

Cada vez que vuelvo a Tinder algo se me revuelve en el estómago.

¿Mariposas? ¿La solitaria? ¿Diarrea? ¿Los mellizos?

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Microputada

Nos conocimos en Tinder y nos desconocimos en la calle.

Te he visto en Tinder

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El otro día volvió a salir el tema. Que sí. Que yo estuve en Tinder. ¿Y qué? A mi favor diré que solo entré para buscar inspiración (¡en serio, no te rías!) y gracias a esta experiencia me gané un puesto en Intersexciones. Y así fue. Lo prometo. Nunca más. Comparto una de tantas cosas que me pasaron allí:


Te he visto en Tinder

Eso me dijo mi ex número 2. Y también su compañero de trabajo. Y un amigo de mi jefe. Y siete followers de Twitter. Y un primo. “Te he visto en Tinder” llegaba por Whatsapp, por DM y por Facebook. Me habían visto en Tinder. A mí.

No es que me avergüence (igual sí, no sé). Es que no termino de autoconvencerme de que estas cosas son las “nuevas formas” de conocer gente. Yo prefiero los flechazos en los bares, las coincidencias en las cafeterías, las miradas en las bibliotecas… He visto mucha comedia romántica comiendo helado y patatas fritas (no al mismo tiempo) y he leído demasiados libros de Danielle Steel. Lo sé. Y no me avergüenzo.

Aún recuerdo con un poco de drama el momento en el que mi vecina me contó que un amigo había “encontrado” a su novia en esa movida y que ahora eran la pareja perfecta. Ni siquiera esa historia sacada de “Lo que necesitas es amor” me desvió de mi queja personal: yo jamás encontraré a nadie.

Ya, ya lo sé. ¿Jamás? ¿a nadie? Tampoco estoy tan mal, no me jodas. Soy una joven publicista, sé hacer sushi, tengo un vibrador alemán fucsia en la mesilla de noche y el Ruby Woo de Mac me sienta francamente bien. Pero no, ligar no es lo mío. Soy más borde que la media y por lo visto, mi acidez no sienta bien.

Volviendo a casa, el “es muy fácil, hazte una cuenta y pruebas” retumbaba en mi cabeza. Y así fue. Al llegar a casa, mostrando una ausencia total de personalidad, me hice Tinder. Demasiado fácil y demasiadas pruebas. Porque probar, probé. Y mucho.

Doce pruebas en total. Seis pasaron por casa. Tres aprobaron el examen. Dos con nota. Uno me gustó pero con ninguno me quedé. Cenas, vinos, comidas, meriendas, cafés, atardeceres, amaneceres… Muchas veces la conversación (de mierda) me hacía evadirme y pensar que aquello era como aquel programa de Neox. Ese de citas rápidas en el que se cuentan los minutos que dura la cita hasta que uno grita ¡Next! y te canjean los minutos por dinero. Pues esto a mí me parecía lo mismo pero palmando pasta y sin poder gritar ¡Next! para pirarme de aquel bar.

Cualquier tiempo muerto era perfecto para abrir Tinder y ver desfilar hombres de 27 a 38 años. Era tan sencillo que se volvió casi adictivo mandar a la mierda a algunos y mandar tu aprobación a otros. Uno tras otro, uno tras otro… hasta que te dormías o te quedabas sin batería. La situación llegó a ser un poco mucho decadente. Yo ya no quería buscar ni encontrar, miraba el catálogo de tíos esperando ese maldito giro de guión de las películas.

Y pasó. Apareció en mi pantalla. Era el chico del que me había enamorado hace cuatro años al llegar a Madrid. Era él. En ese mismo instante desinstalé la aplicación del amor, resoplé y le escribí un Whatsapp: Te he visto en Tinder.

El amor y otras redes sociales

Naces. Creces. Te sigue en Twitter. Le haces FAV. Te hace RT. Le sigues. Te manda un DM. Le contestas. Te manda otro. Le contestas. Os cruzáis en Tinder. Le da a ‘corazón’. Le das a ‘corazón’. Hacéis match. Os saludáis. Él jiji. Tú jaja. Te sigue en Instagram. Le sigues. Le da ‘like’ a todas tus fotos. Le mandas un DM. Te contesta. Os pasáis a Whatsapp. Te habla. Le hablas. Te habla más. Le hablas más. Os encontráis en Facebook. Te pide amistad. Os agregáis como amigos. Le gusta lo que pones. Te gusta lo que dice. Te comenta. Le das a ‘me gusta’. Te habla por el chat de Facebook. Le hablas por el chat de Facebook. Os encontráis en un bar. Te saluda. Le das dos besos. Con suerte os reproducís. Y ya no hay tiempo para más PORQUE TE MUERES.

(de vieja, del asco o de ganas)

Tinder tiene algo

Llegué a Tinder con mi pelazo, mi extra – vagancia, mi completa ignorancia y mi haterismo. Yo, que soy muy juzganta juzgona, a mí esas cosas siempre me han parecido de frikis. Y más aún con la herencia tan presente de eDarling, Meetic o el chat de Terra. No. No. No. Yo ahí nunca. Por ahí no. Lo típico. Ya sabes. Un día me contaron que no era tan frikada, que estaba de moda y sobre todo, que hay gente normal jajajajajajajajajjajajajajajajajajajajajajajjaja Mi vena curiosa me lo suplicó y mi amiga me insistió. Entré. Y madredelamorhermoso.

Es como aquel programa de Neox “NEXT” en el que el tronista le dice en segundos (a veces microsegundos) al pretendiente que se vaya a la mierda. A veces con solo ver a la otra persona venir bajando alguna cuestecilla de algún parque. Pues Tinder es eso pero tumbado en el sofá un domingo por la tarde con toda la depresaca (el cocktail mortal de depresión + resaca).

Te registras vía Facebook (para dar fe de lo normal que eres ¿?) y por tu pantalla del móvil desfilan chicos y algunos hombres. Tú sólo puedes (y tienes) que mandarlos a la mierda (a la izquierda o marcando X) o darles una oportunidad y hacer click en su corazón verde. Y si la otra persona también te manda a la derecha (corazón verde) el señor Tinder te dice: ¡HEY! Que os moláis un poquitín. Y tú te dejas querer. O-LO-QUE-SEA.

Bueno, yo no he venido hasta aquí para hablar de usos y desusos de Tinder. Tengo algo mejor. Lo único por lo que valió la pena registrarme (y volver varias veces). En serio. Pensaba que las tías éramos las que teníamos un problema poniendo morritos, dislocándonos el cuello para posar, haciendo ojitos en cada foto… PERO NO. Desde mi humilde punto de vista ellos son mucho peor. Y quedan de tristes. Os recomiendo que entréis en Tinder para que comprobéis lo que os voy a contar. Por favor, hacedlo.

Por las fotos (a tomar por culo la personalidad, gustos, afinidades etc.) podría sacar varias tipologías de chicos que me encajan perfectamente en LAS SPICE GIRLS.  ¿Sabéis quiénes son las Spice Girls, no? Ninguno se salva: Spice Niña, la Spice Deportista, la Spice Intimidante (la negraca, vaya), la Spice Sexy y la Spice Pija. Todos encajan aquí. TODOS. Y sí, tú también.

  1. Spice Niña. Desde los que dicen que tienen 26 y huelen a 44 hasta los que son imberbes (NEXT MUY FUERTE). También los jovenzuelos que se hacen fotos con la cámara del portátil, nerviosos y empalmados como dios. También están los que no tienen fotos solos, todas sus fotos son en grupo. También hay fotos de fiestas de pueblos, carnavales. Next desde la madurez.
  2. Spice Deportista. Sanotes pero abrumadores. Los extremadamente aventureros. Son muy amigos de los deportes pero igual no es necesario que en sus fotos solo se les vea de espaldas subiendo una montaña, de culo montando en bici o tirándose al mar haciendo una doble pirueta. Me canso de verlos. Ah y también mucha gente de gimnasio en chándal posando en el baño sin camiseta Y CON GAFAS DE SOL. Llevar gafas de sol en interiores debería dar mala suerte, como los paraguas. Next desde mi sofá.
  3. La Spice Intimidante. Aquí hay mucha peña. Gente con fotos mirando de reojo, con cara de miedo, de terror, de terrorista, de terrorista islamista. Gente con fotos de estudio en la que espontáneamente se cuelgan del hombro una americana. Next desde el respeto y el acojone.
  4. La Spice Sexy. Bueno, sexy desde mi punto de vista. Son los que parecen normales. Los que al menos suben fotos de persona normal. Salen de risas o serios. Salen con camiseta. Llevan el pelo despeinado. Yo qué sé. Aquí manda mi cerebro inferior, el sur de mi cuerpo. Lo caliente. Vaya, que me los tiraba. No podría decir nada más o los ahuyentaría en pleno proceso de cortejo. No next.
  5. La Spice Pija. Mi favorito. Parece que la derecha está muy falta de muchas cosas. También de amor. Los que van con camisa color azul cielo, se llaman Borja o Pipi o Charly. Con pelazo castaño claro y mechas californianas. Casualmente hay una banderita de España o de fondo, o en una pulsera, o en el cinturón. Suelen estar en una plaza de toros, sentados en un chill out con un copazo o rodeados de chicas estilo Tamara Falcó. Next desde la izquierda.

Luego hay varios grupitos muy concretos que no sé dónde encajarlos:

A. Los que salen con niños en las fotos. Sé que es para parecer adorable pero podemos pensar que son vuestros hijos y os hacemos un NEXT con mucha fuerza.

B. Los que hicieron un viaje a la India y viven de ese recuerdo. En serio. Hay muchos. Y todas las fotos son de atardeceres, de espaldas mirando al sol, de tumbonas. Son Spice deportista, pija e intimidante al mismo tiempo. NEXT desde la petición de que superes el viaje.

C. Los que se hacen fotos dentro del coche. Eso sí, al menos se hacen la foto con el cinturón puesto. CracksNEXT desde la responsabilidad.

D. Los que salen en todas las fotos con chicas. Quizás busca la fase de ponernos celosas antes de ponernos. NEXT por listo.

De verdad… yo no valgo para estas cosas. No me hagáis caso. Nada más registrarme, me puse a nextear a los tíos como una loca. Sin compasión. No miento si digo que Tinder se quedó sin hombres que mostrarme de 27 a 40 años durante unos minutos. Mi madre tiene razón, así me quedaré para vestir santos. ¡Y yo lo que quiero es desvestirlos!

Tinder tiene algo. No es guapo ni me casaría con él pero me hace reír. Que no es poco.

***

Os regalo una cosa: Primeras citas de primera

Y cuidado con los besos asquerosos que pensáis estampar.