El viaje de las 2,800 millas

Veintidós días. Cuatro estados (California, Arizona, Nevada e Illinois). Más de diecinueve paradas. Nueve camas diferentes. Más de quince grados de diferencia en un solo día. Desierto y bosque. Lago y mar. Túneles y puentes. Un precioso Camaro negro descapotable. Dos almas errantes. Y un total de 2,800 millas.

Meses antes de subirnos al avión destino VACACIONES Los Ángeles, leímos (aprox) siete millones de artículos y blogs que hablaban sobre ese mítico viaje en coche por la costa oeste. Por lo visto, no éramos los primeros en tener esta gran idea…

Captura de pantalla 2017-09-15 a las 21.12.25.png

Buscamos, leímos, preguntamos, comparamos y después, lo hicimos todo al revés. La ruta «típica» que te encontrarás posiblemente sea esta:

mapa-ruta-costa-oeste-estados-unidos-1024x524.jpg

La cual respetamos pero no compartimos. No fue nuestra elección. ¿Desde cuándo las costas se bajan? ¡Las costas de toda la vida se recorren subiendo! (esa es mi teoría, tengo otras pero son de pago) Y así fue como todo lo que buscamos, leímos y comparamos no sirvió para nada. Por eso esta guía es única y sobre todo, indiscutible. 

Captura de pantalla 2017-09-15 a las 21.27.22.png

[ Si eres de esos viajeros pro que con su calendario, sus horarios y sus paradas previamente configuradadas, definitivamente esta no es tu guía. Sorry. PORQUE ESTA ES UNA GUÍA PARA ALMAS LIBRES. Not sorry]
mapa
La aventura empezó en Los Ángeles y subió hasta el fondo (San Francisco) a la derecha (Lago Tahoe) para luego bajar todo recto (Vegas) y volantazo a la izquierda (Los Ángeles). Básicamente. 

Como Estados Unidos es re-infinito y tan solo deambular por la costa californiana te llevaría más de un mes, deberás priorizar si lo que tienes son dos/tres semanas para hacerte una gira de rockstar en condiciones. Y como es difícil priorizar cosas de las que no tienes feeling o no has visto: TIP#1 estructura el viaje en grandes bloques.

Nuestro viaje lo organizamos en dos grandes etapas tan básicas que dan risa y por las que me podrían quitar el carnet no homologado de guía turística: (1) subir de Los Ángeles a San Francisco y (2) bajar de San Francisco a Las Vegas, para volver y terminar en Los Ángeles. Nosotros además tuvimos bonus track y volamos de Los Ángeles a Chicago, pero ese es otro tema porque Chicago de costa oeste tiene lo mismo que Ciudad Real.

Dentro de cada bloque, está bien establecer varios «campamentos base» y (aquí TIP#2) reservar lo antes posible (sobre todo si viajas en verano) todo aquel alojamiento que será parada obligatoria. Ir sin ningún alojamiento puede ser una aventura inolvidable por molona o porque te sale una maldita úlcera si vas a sitios con un solo motel en 200 kilómetros. TIP#3 Si vas a alquilar coche, hazlo también al menos un mes antes, no por falta de coches sino por posible falta de billet€s si te esperas a última hora.

Por lo demás, para donde la cabeza, el corazón, el estómago, el olfato o incluso el gps te diga. Lo bonito de un viaje así es poder hacer lo que te da la gana cuando y donde te da la gana (siempre y cuando esté dentro de la legalidad).

 

1/3 De Los Ángeles a San Francisco

parte1.png

Los Ángeles < Palm Springs < Santa Mónica < Malibú < Santa Bárbara < Morro Bay < Carmel by the Sea < Monterey < Palo Alto < Cupertino < Stanford

Los Ángeles

Esta ciudad da para una vida así que cualquier número aleatorio de días que te plantees estar allí siempre será insuficiente. Pero qué menos que tres o cuatro días para aclimatarte antes de tirarte a la carretera.

CAMA: Teníamos ganas de Freehand y allá que fuimos. Está en Downtown y vale 100% la pena. Ve rápido porque la decadencia característica del centro de la ciudad está en obras y ya nada volverá a ser como antes (creo). Comparte estilo con mi archiamado Chicago Athletic o ACE Hotel NY.

CAFÉ: Philz Coffee (y si sigues recto en esa misma calle y te compras alguno-de-estos-bollos en esta pastelería asiática -todo a 85c- ya flipas). Aunque nuestro favorito fue Verve Coffee (el de la 833 S Spring St).

EL SITIO: Si tuvieseis que estar en Los Ángeles tan solo un día, deberíais ir a la tienda-terraza-cafetería-saloncito-taller de Deus en Venice. Está en un rinconcito que os dejará muy buen sabor de boca en el que querréis quedaros a vivir pero lo siento mi amor.

DE COMER: Yo volvería casi todos los días sin duda al Grand Central Market porque tienen para darte todo lo que tú quieras papi. Y el resto de días iría a The Original Farmers Market (menos hipster pero más profundo) perfecto para tomarte una limonada, pollo frito y un helado de postre en Bennett’s Ice Cream. Si lo que quieres es desayunos 24h en mesas pegajosas servidas por señores de 97 años, este es tu sitio: The Original Pantry Café. De restaurante en plan bien, The Exchange (en el mismo Hotel Freehand): comida estilo mediterráneo con toques de Israel. Loco, loco.

HELADOS: Mucho antes en España y por casualidad empecé a seguir en Instagram a dos heladerías losangelinas. La primera y mi favorita: Salt & Straw, natural y con unos sabores loquísimos (mi favorito el de lavanda y miel). El segundo, en el centro, Little Damage famoso por su helado negro.

5 CHECKS OBLIGATORIOS:

  1. Venice (ya sea en la beach o en el boulevard).
  2. Observatorio Griffith. Sube al atardecer, y digo sube y no “ve” porque posiblemente te toque caminar colina arriba de la gente que hay. Allí tendrás la gran ciudad a tus pies. Por tu Instagram que vale la pena.
  3. En el Paseo de la Fama. No es de mis sitios favoritos pero.
  4. Beverly Hills, especialmente la calle Rodeo Drive donde todas, TODAS, todas las marcas de lujo del mundo están ahí. Pongo este punto en check y no en shopping principalmente porque no puedes comprar nada pero sí verlo todo.
  5. Malibú o Santa Mónica.

 

ATENCIÓN, ATENCIÓN:

  1. Sigue de cerca la agenda de Los Ángeles porque todos los días pasan cosas. Esto fue lo que nos encontramos, envidia: aquí.
  2. En esta página web podrás encontrar tickets gratuitos para asistir de público a diferentes shows, envidia también aquí.

Palm Springs

Hay que ir a Palm Springs. Sé que suena muy a sacrificio lo de invertir uno de los días en LA para ir a un oasis en pleno desierto. En menos de dos horas, sube la temperatura más de 15 grados y menos de tres horas te preguntarás qué hago yo aquí. Es un pueblucho artificial metido en una olla exprés con montañas que agobian mazo un poco. Hasta las ocho de la tarde no verás a nadie por la calle porque o se está muriendo o está en la piscina (muriéndose de calor).

Palm Springs surgió como refugio calentito para jubilados y diversos adinerados. Pues bien, sobre qué hacer en Palm Springs: lo mismo que un jubilado. Bañarse en la piscina a temperatura primer-vuelco-de-cocido-madrileño, quedarse pajarito a la sombra o debajo del chorro de aire acondicionado, salir a dar un paseo con los brazos en la espalda por los campos de cactus, tomarse una copichuela, cenar a las siete de la tarde, bañito en la piscina y al sobre. ¡Aunque! Si además tienes la suerte de que sea jueves probablemente podrás disfrutar del “Villagefest” (el típico mercadillo de feria con artesanía, limonada y berenjenas de Almagro).

CAMA: Persiguiendo los tópicos, fuimos a The Saguaro y sí, es como en las fotos. Color y piscina con flotadores gigantes. ¡Mola mucho!

 

CAFÉ: Es inquietante pero en este precioso infierno hay cafeterías que ya quisiera Madrid, por ejemplo: Ernest Coffee Koffi Coffee. Y hablando de cafeterías, en Palm Springs fue donde conocimos a nuestro fiel amigo Denny’s: Si no sabes dónde ir, ve a Denny’s (merecida TIP#3). Te quiero.

BEBER: El calor te llevará sin que te des cuenta a TIKI, un sitio de handcrafted drinks.

EL SITIO: Vale la pena coger el coche al atardecer y conducir hasta Mirror House.

IMG_0199

Santa Bárbara + Morro Bay

Salimos bien temprano de Los Ángeles y desayunamos por Malibú, donde muy sabiamente, los famosos tienen una casa de las de porsiaca. Disfruta de la carretera y de los surferos que se quitan el neopreno en la cuneta.

Nuestra primera parada fue Santa Bárbara, un mix de estilo colonial, surf y pescaíto frito. ¿Qué se hace? Visitar tiendas de surf como Surf -n-Wear, pasear por el embarcadero, comer un plato de cosas-de-mar-fritas en FisHouse y por supuesto, un café en Santa Bárbara Roasting Company.

Rumbo a nuestra segunda parada del día y el que sería nuestro dormitorio, llegamos a Morro Bay: una de las sorpresas del viaje. Turismo 100% local, una minicosta, focas gritonas, unas torres ¿nucleares? y algo parecido a un islote salvaje (Morro Rock).

La decisión de ir a Morro Bay (the Gibraltar of the Pacific, como se autodenominan ellos mismos) fue totalmente aleatoria porque en el resto de pueblos de alrededor (Pismo Beach o San Luis Obispo) no quedaba ni una sola cama (remember TIP#2).

¿Qué hacer en Morro Bay? Pasar el rato, básicamente. Pasear por la zona del embarcadero. Tomarse una cerveza. Entrar a esas tiendas de souvenirs que aún tienen recuerdos de conchas o cualquier otro residuo marino. Tomarse una cerveza. Pasar a unos recreativos de hace setenta y tres años. Tomarse una cerveza. Visitar la panadería del pueblo. Tomarse una cerveza. Y por último, ver el atardecer con las focas gritándote “LLÉVAME CONTIGO” y obviamente, te tomas otra cerveza. Ah, y enterarse de dónde hay música en directo para tomarte la última cerveza.

 

DORMIR: Tampoco vayas a ponerte exquisito. Cualquiera de las opciones cerca de la gran avenida del paseo te va a parecer bien: Bayfront Inn, Seaside Inn

COMER: El desayuno intermitente (ojo a los huevos benedict) obligatoriamente en Carla’s Country Kitchen. Uno de mis sitios favoritos (diría que casi de todo el viaje) fue este descubrimiento: The Libertine Pub. Una taberna casi sobre el agua donde la luz del atardecer choca contra los vasos de cerveza (que por cierto, tienen más de 40 variedades) mientras suena una bandurria un banyo de algún grupo de la zona. Increíble, palabrita. Y siguiendo con el tema comida con espectáculo, nos tomamos una última en el bar de al lado con las mismas vistas y con más música en directo: Otter Rock Cafe.

IMG_0380

Carmel + Monterey 

Ponte la chaquetilla que refresca, Maricarmen. Deja atrás aquellos días con el sol quemándote los hombros y cierra compuertas del descapotable porque la ruta por la Pacific Coast Highway es más fría de lo esperado. Carmel by the Sea (es que con ese nombre cómo no ser bonito) es un museo en sí mismo. La calle principal (Ocean Av.) está llena de inaccesibles tiendas y galerías de arte que podrás ver (desde fuera) con un café en mano, el nuestro fue de Carmel Valley Coffee Roasting Co.. Esto y Carmel Bakery, es de la poca gastronomía que puedo recomendar del lugar. De Carmel a Monterey, el ojo no descansa y tu calculadora mental tampoco, verás más y más mansiones, ranchos, coches de lujo… pero todo dentro de la dignidad, la elegancia y el saber estar. Y más allá de eso, estos acantilados posiblemente serán de las vistas más espectaculares del viaje.

Nosotros pasamos el día el Carmel y fuimos a dormir a Monterey (tampoco tuvimos muchas opciones donde elegir) y acabamos en Arbor Inn, que no estuvo nada mal. ¿Qué hacer en Monterey? La gente te dirá: ¡ver ballenas! Seh, bueno. Nosotros no hicimos esa excursión y tampoco es algo de lo que nos arrepintamos. Eso sí, paseamos por el antiguo muelle: Old Fisherman’s Wharf, por el centro más típico: Cannery Row y nos hubiese encantado haber entrado a la famosa Pebble Beach Golf, a pie de costa.

Por no hablar del Big Sur, imprescindible e impresionante lo mires por donde lo mires.

Processed with VSCO with 7 preset

Stanford, Palo Alto y Cupertino

La mañana antes de llegar a San Francisco nos desviamos para visitar la universidad de Stanford, Palo Alto y la sede de Apple en Cupertino. El recorrido por la universidad es gratuito pero el gran problema monetario llega cuando entras por la puerta de la tienda propia. Sin darte cuenta, necesitas la equipación del equipo de esgrima femenino, una falda de animadora, unos calcetines corporativos y hasta la cabeza de la mascota.

Nosotros no pudimos visitarla pero dicen que vale la pena visitar The Hannah House (la casa de unos profesores diseñada por  Frank Lloyd Wright en la que se puede observar la tarita que tenía con los hexágonos). Una vez allí, vale la pena visitar el downtown de Palo Alto y tomarse algo en Blue Bottle.

En Cupertino tuvimos la inmensa suerte de poder visitar las oficinas de Apple e incluso almorzar en su -maravilloso- comedor rodeados de gente inteligente de verdad. Antes, ya habíamos besado el suelo de uno de los sitios favoritos de Steve Jobs: Bagel Street Café y razón no le faltaba, allí probé el mejor bagel que he comido hasta la fecha: salmón con queso crema en un precioso bagel de espinacas. Posiblemente el sitio menos tecnológico y avanzado del lugar, de ahí, supongo, su éxito.

2/3 De San Francisco a Las Vegas

parte2

San Francisco < San Rafael < Napa Valley < Lago Tahoe < Bodie < Mono Lake (Lee Vining) < Las Vegas < Grand Canyon

San Francisco

San Francisco es un tema. Por lo estrafalario, por sus empinamientos y por la sensación polar en pleno agosto.

5 CHECKS OBLIGATORIOS:

  1. The Painted Ladies (Álamo Square)
  2. Castro (nuestro Chueca pero a lo grande, hay un buen rollo que lo inunda todo)
  3. Fisherman’s Wharf
  4. Haight – Ashbury (este barrio es San Francisco, alerta especial con las tiendas de ropa de segunda mano)
  5. Mirador Golden Gate. Hay como millones de perspectivas y de sitios desde los que mirar.

Otros checks (esto es inabarcable, tendremos que volver):

  • Lombard Street (esa calle imposible tanto si la subes como si la bajas)
  • Twin Peaks (vistas desde bien arriba)
  • Union Square (cuenta la leyenda que una atractiva pareja de españoles buscando parking con su descapotable Camaro negro encontraron aparcamiento en la misma plaza justo en la puerta de la tienda Apple).
  • Chinatown (disfruta de los graffitis!)

TIP: El olor a barbacoa nos llevó hacia esta esquina de San Francisco. Un patio donde solo había hamburguesa, costillas o pollo a la brasa, bebida y patatas. Un gran acierto si te quieres sentir parte del ritmo de la ciudad y no un maldito visitante. Anota: 4505 Burgers & BBQ 

Napa

El valle de Napa, como excursión está muy bien pero tampoco te esperes encontrar con la revelación de tu vida. Si solo pudiese ir a dos sitios, iría (1) a la bodega de Francis Ford Coppola  aunque si no puedes comprar en la gran sede un par de botellas, no es demasiado difícil encontrar alguna variedad por los supermercados de por allí (“de por allí” ¡así jamás lograré la medalla de oro a la mejor guía turística! Vamos que no hace falta que vayas a Napa a-por-eso). Y también iría (2) a Oxbow Public Market, un mercado gourmet donde ver y probar lo mejor de la zona.  Aunque lo que no os he contado es que acabamos comiendo en un sitio que nos conquistó ofreciendo rare wine y smokin’ BBQ: Bounty Hunter Wine Bar. La lista de vinos es abrumadoramente abrumadora. AH! Por cierto, hartita de vino y con un viaje de vuelta (como copilota) por delante, busqué la mejor cafetería de la zona y acabé aquí: Napa Valley Coffee Roasting. Recuerdo con un cariño especial ese café con leche aromatizada con lavanda, el especial de la semana.

4D2B8760-E17B-4B1A-BF92-8C86A6828F52

 

Tahoe 

Yo le tenía muchísimas ganas al Lago Tahoe. Quizás lo tenía idealizadísimo pero cumplió sobradamente mis expectativas. La ruta de llegada al lago es fantástica, el verde se va haciendo más verde y de repente, sin saber cómo, quieres hacer kayak, tirolina y comprarte una cabaña de madera. La pena es que nuestra visita solo era parte del camino que cambiamos y rediseñamos la noche de antes sobre un mapa de carreteras extendido en la mesa

1249833B-09CA-491E-8572-CA36A8A7BDFC

y que nos llevaba de San Francisco a Las Vegas, por lo que no pudimos hacer kayak ni tirolina ni comprarnos una cabaña. Pero sin embargo, como la chispa de un viaje así es poder dar volantazo cuando te lo pide el cuerpo, el cuerpo nos pidió jugar una partida de minigolf en la orilla del lago. Yo hacía décadas años que no jugaba a tan respetable deporte y él tenía un swing que demostrar. Así que sí, volvería a señalar en el mapa Tahoe y sí, volvería a dar volantazo y jugaría una partida en el Magic Carpet Golf. 

Ese día salimos de San Francisco tempranísimo, paramos a desayunar en un local de desayunos para camioneros random, continuamos hasta el lago Tahoe y después, seguimos conduciendo por el frondoso, fresco y apetitoso bosque hasta que la tierra seca y abrasadora te da un guantazo* en la cara. En ese preciso momento, en el que en una hora escasa el bosque se convierte en desierto, aparece un In-N-Out como si de una revelación se tratase y te salva la vida. Recomendación: vuelve siempre que puedas a un In-N-Out.

*No miento. Atención a la gracia imperfecta del destino:

 

Bodie

Tras esta resurrección gastronómica continuamos hasta nuestra siguiente parada (ese día nos vinimos muy arriba y fue un lo quiero todo papi). Este punto posiblemente sea el diamante en bruto, la pepita de oro entre las piedras mojadas, el trozo de palo en la bolsa de pipas, la patata deluxe entre las patatas normales. Queremos pensar que hemos sido los primeros españoles que pusieron pie en esas tierras y hasta que alguien diga lo contrario y lo demuestre ante el juez , así lo seguiré creyendo: BODIE, el pueblo fantasma. 

1F4818B7-F662-44EC-85DF-9D7C35E7929E

El desvío para llegar hasta este pueblo minero abandonado es importante pero vale la pena, de nuevo, dar volantazo (volantazo de más de 45 minutos, todo sea dicho). El precio de entrada son como unos ocho dólares y tienes tiempo ilimitado para visitar las no-tan-ruinas de este pueblo (en verano, cierra a las 18h). Es bastante impresionante ver como muchos de los elementos de un pueblo de ¿1870? siguen en pie, los puedas tocar, puedas comprobar que eso existió y que hubo gente tomando zarzaparrilla es esos kilómetros de aire espeso y caliente. Para que os hagáis una idea, todo está como si alguien hubiese gritado ¡CORRED! y nadie hubiese vuelto a cerrar con llave. Libros, vasos, coches, espejos, sábanas… todo sigue ahí lleno de polvo y en parte, de vida. Es como la zona de indios y vaqueros de Port Aventura pero en plan bien.

Mono Lake (Lee Vining)

Si unís los puntos de lo que ya os he contado: (1) hay que reservar con moderada antelación y (2) la noche de antes, la última en San Francisco, habíamos cambiado de planes y de ruta, os podréis imaginar que en este preciso momento, encontrar alojamiento fue imposible al 97% salvo por ese 3% que nos llevó a un lugar inhóspito: Tioga Loge frente a Mono Lake y antes de llegar a la civilización Lee Vining (que tampoco os quiero abrumar con datos científicos pero esto es todo amigos):

Captura de pantalla 2018-06-26 a las 13.04.18.png

Sobre el alojamiento que encontramos, pues bueno, teniendo en cuenta que 700 kilómetros a la redonda no había ni una sola cama / colchoneta, pues no está mal. Son una especie de diminutas cabañas con encanto pues han sido la localización de asesinatos múltiples  y muy acogedoras pues esa ropa de cama ha acogido ya a miles de personas.  Eso sí, el amanecer es una locura. El wifi también es una locura puesto que solo hay conexión en el mostrador del dueño. Entra el desayuno, el parking y tiene una terraza con mecedoras mirando al lago en las que procrastinar muy ricamente. Ya os digo, lo único malo es que temes por tu vida, pero todo lo demás genial.

Tampoco había muchas opciones para cenar por lo que acabamos (y acertamos) en Bodie Mike’s (BAR-B-Q). Hamburguesa chorretosa en un ambiente de domingueros eternos. Fan total de la vida.

Las Vegas

El día comienza pronto y de forma muy agradable ya que te sorprendes aún estando vivo en aquel motel con vistas al agua. Disfruta de esas vistas porque no verás agua natural en mucho rato. Bebe mucha agua y haz mucho pis, ¡nos vamos a Las Vegas! En realidad nadie gritó eso, es ficción. Tan solo estábamos a 105 horas a pie o, la que fue nuestra opción personal, 5 horas en coche. Al poco de dejar Lee Vining supimos que esto iba en serio.

F1260D19-4142-47C9-A003-6F89266AE159

Kilómetros y kilómetros y kilómetros y kilómetros de carrera en línea recta en completa soledad. Y por supuesto, volantazo. Paramos en coche en el lateral de la carretera  y solo entonces supimos lo que era el silencio. No se escuchaba nada, ni a nadie, ni animales, ni viento, ni eco, ni ruidos lejanos. Nada. Sientes de verdad que te has quedado sordo porque hasta incluso hablando entre nosotros, la sensación era extremadamente extraña. Recuerda que durante muchas horas no habrá gasolineras ni tiendas ni gente ni internet y también recuerda que los grados van subiendo con la facilidad de una vitrocerámica de inducción. Esta será durante un buen rato tu carretera, tan preciosa como interminable: Tras más de 5 horas de carretera ver civilización a lo lejos es lo más grande, de repente tienes ganas de saludar y abrazar a todo el mundo, de hacerle luces a los coches… de hacer pis. Llegar a Las Vegas es como llegar a un Benidorm prefabricado en Marte, no lo entiendes pero te parece bien. Ya te visualizas en la piscina del hotel y echando monedas a máquinas varias. Todos los hoteles en Las Vegas son más o menos lo mismo, nosotros encontramos ofertaza y elegimos Treasure Island y claro, viniendo de las cabañas del lejano desierto, esto nos pareció gloriabendita. De Las Vegas, poco más decir más allá de lo que todos ya saben: pasear por LA calle, ir a un outlet, ¿visitar la tienda Coca Cola con todas las variedades del mundo? ¿tirar el dinero en alguna máquina del casino? ¿comer en el buffet de algún hotel? ¿hacerse una foto en el cartel “Welcome to Fabulous Las Vegas”? ¿creerse guay comiendo en Heart Attack? ¿Hacer una excursión al Gran Cañón? La única cosa que no está en las guías y que puedo recomendar es: Cómete un donut en Donut Bar.

 

 

 

Y nada, vuelta a Los Ángeles en coche (parando en un sitio mágico: el casino Gold Strike en Jean) y dos noches allí. Tiempo insuficiente, como siempre, para darle otro repaso a la ciudad, devolver el coche y gastarte los pocos dólares que te quedaban o te has encontrado bajo el asiento.

3/3 Chicago (bonus track)

Poco más tengo que añadir a la ya mundialmente conocida guía de Chicago, que recordemos que no es la mejor guía de Chicago porque es la única guía buena / SUELTO EL MICRÓFONO/ 

IMG_1345

aplausos.

Tokio: el viaje de los 1000 ¥enes

Tampoco te flipes, que mil yenes japoneses son 7,53042 euros.

Si has llegado hasta aquí es porque 1) Vas a viajar a Tokio y estás buscando mandanga buena 2) No vas a viajar a Tokio a corto plazo pero me tienes aprecio 3) Ni me tienes aprecio ni piensas viajar a Tokio pero te gusta la mandanga buena.

Da igual. No importa.

Esta guía no es una guía más como esas trescientas cincuenta y dos que has podido leer antes porque si esas trescientas cincuenta y dos ya te han dicho lo mismo, ¿qué sentido tiene que yo te lo vuelva a repetir? Ninguno.

[spam] [insertar cortinilla musical] Las guías kuluskas® si por algo se caracterizan son por su frescura, su querer hacerte sentir parte de la ciudad, pero sin duda y sobre todo, por su dedicación por ofrecerte infinitos lugares donde gastarte la pasta. 

hey, que no todo va a ser consumir [insertar cosas legales]. También habrá que hacerse unas fotos reglamentarias para Instagram, no? Vamos, digo yo.

Mis cinco fotografías básicas que debes hacerte para poder confirmar que has estado en Tokio: Cruce Shibuya (foto arrastrado/a por la masa ✓) Templo Senso-ji (foto bajo el lamparón rojo ✓), Shibuya Sky (una de las no sé si mejores pero sí mayores vistas de la ciudad), Takeshita dori (foto rodeado/a de gente más guay y joven que tú ✓)  y para mí la quinta foto, da igual dónde la hagas pero tiene que ser con alguien de allí. No te cortes y pídele a una de esas mozas tan monas, vestidas con su kimono y esos zuecos imposibles que si tú y yo foto right now ✓

67B0FAF8-017C-4018-84F4-8E196A41254D

No os voy a engañar. Tokio, como concepto de dimensión y abarcamiento, da fatiga. Por ejemplo, cuando coges el mapa del metro, te pones las gafas de ver bien (si no tienes, se las quitas a alguien que pase por allí) e intentas llevarte bien con él (con el mapa, no con el dueño de las gafas, que ya te digo yo que no). Y pasa el rato. Empiezas a sudar un poquitín pero lo tienes. Casi lo has entendido. Sabes dónde estás y hacia dónde quieres ir. Solo necesitas saber cómo hacerlo. O eso te crees tú… porque en realidad tienes el mapa al revés. Vuelve a la casilla de salida, querido occidental de mierda.

Si me permites un consejo, búscate un sitio donde aparcarte cerca de la línea 03 naranja (Ginza), tu vida será mucho más sencilla.

E84AC7CE-5522-4A83-8117-761D0A4FBA16.jpg

Si en Chicago, ♡EL BARRIO♡ es Wicker Park (¿aún no has leído mi guía de Chicago?), en Tokio ♡EL BARRIO♡ es Asakusa. El destino quiso que la primera vez que fuimos a Tokio eligiésemos hotel allí y se convirtió en nuestra casa. Un barrio-barrio, en el que además de encontrarte con el templo más impresionante de Tokio (Sensoji) puedes:

  • Ir a hacer la compra en un supermercado de confianza como LIFE por aquí.
  • Desayunar en una pastelería japonesa muy prolijita (está entre mis favoritas): Yamazaki Bakery & Cafe
  • Irte de cañas y tapas por unos izakayas. Ahí está la verdadera juventud y las verdaderas croquetas de pulpo. Por aquí, más o menos.
  • Creerte reputado chef y pasear por la calle de los mayoristas: Kappabashi. Las guías sin espíritu entrepreneur dicen que esta calle no vale la pena pero no dejéis de ir, por dios. Podéis entrar al Makro japonés o visitar las tiendas de comida falsa. Cualquier cosa que necesites para abrir un bareto, ahí está. Si de repente os surge la terrible necesidad de comprar 700 platos, 87 pares de palillos y una máquina expendedora, no es mi culpa.

[Aquí os quería recomendar una tienda de decoración que vale la pena: Baise (life with white). Pero al buscar el link me salen cosas porno, así que no sé qué ha podido pasar]

  • Tenéis que ir a Marugoto Nippon, un mercado gourmet con varias plantas de artesanía pro y comercio local con un toque de premium accesible. Un gustazo de sitio. Ahí hay un puestecito de mini taiyakis muy rico.
  • En este barrio también podréis encontrar trece mil templos budistas. Os encontraríais un par hasta sin querer. No miento, aquí la prueba de tan solo unas pocas manzanas.

Captura de pantalla 2018-04-19 a las 13.58.40

  • En la calle principal (kokusai dori) hay muchísimos sitios interesantes para comer si no quieres una tabernucha: carne a la típica brasa japonesa, varios restaurantes especializados en ramen, pequeñas barras de sushi, ¡y hasta un Denny’s! [que claro, si ya hubiese terminado la guía este verano por California, entenderíais el porqué de tanto amor].
  • O también puedes comprarte un fantástico kimono de segunda mano o unas zapatillas ninja.

Pero fuera de Asakusa hay vida. Para nuestra segunda vez en Tokio elegimos el barrio de Ginza, mucho más céntrico que nos servía como punto perfecto de lanzamiento para visitar el resto de zonas.

Si te interesa esta opción, te recomiendo nuestro hotel: The Square Hotel. ¿Razones? Varias:

  • Tiene el metro a menos de 10 minutos y el autobús que te trae y te lleva al aeropuerto de Narita a 15 minutos. Mejor imposible.
  • Tiene onsen (“spa japonés” = baños compartidos de agua caliente con sus duchas, cremas, secadores, etc. para que te relajes al final de cada jornada). Y todos los días sobre la cama dispondrás de un albornoz de tela y unas zapatillas para que tu única preocupación sea bajar en el ascensor.
  • Tiene justo al lado dos de los mejores sitios de comer en los que he estado en Tokio. El primero, muy básico y también barato, ríquísimo y tipiquísimo a la vez: Nakau y, el segundo, para un homenaje carnívoro: MEAT (un restaurante moderno de carne y parrillas en un sotanillo justo al lado del hotel).

Y es que, en Japón, presta atención porque muchas veces los mejores sitios no están a la altura de los ojos: o están en un tercero o en bajo suelo.

Para mí, y seguramente hable en nombre de los 19 millones de turistas que recibe Japón al año, los barrios de visita obligada son Shinjuku (no te quedes solo con la idea de que te encontrarás tecnología porque precisamente eso será lo de menos), Harajuku (lo de molar mucho: el paraíso de los hipsters, hazte el favor de perderte por Cat Street y ya sin querer llegas a la calle Omotesando), Roppongi (lo de creerse embajador, para pasear por el día y volcar por la noche), Ginza (lo de creerse rico y chic), Akihabara (lo de las maquinitas) y Shibuya (lo de la gente, aquí bien de luces).

¿No crees que te has gastado demasiados pocos yenes?

  • #comer #comprar #beber Deus Ex Machina: Empiezo con lo menos japonés de la lista para que todo sea ir a mejor. Después de visitar la tienda-café de Los Ángeles, teníamos que ver la de Tokio porque esto ya se ha convertido en un «Hazte con todos» sin querer. Un sitio mega tranquilo, en un barrio que vale la pena, con un wifi riquísimo y unos sandwiches fenomenales. Lo podrás encontrar por Harajuku. [skip anécdota] Tengo un problema y es que desde la primera vez que leí la dirección de este sitio en Google veo CARAJAULA y claro, me da la risa todo el rato:

Captura de pantalla 2018-04-18 a las 15.46.38.png

  • #decomprar #decomer En la estación de Shinjuku podrías vivir, hazme caso. Ahí encontré mi supermercado favorito (estilo Corte Inglés Gourmet) con un mercado con puestos de comida para llevar y con una pastelería increíble.
  • #comprar En este mismo centro comercial / estación de Shinjuku está Tokyu Hands. Una conocidísima influencer valenciana me dijo “nah, una tienda de manualidades y cosas”. CINCO PISOS, SEÑORAS. Tienen más de lo que te imaginas porque no puedes imaginar tantas cosas. El primer piso todo maletas, bolsos, mochilas… de cualquier tipo y de cualquier marca. Que dices bah. Subes al segundo piso, se abre la puerta del ascensor y dices ohvayaestovaenserio: un par de hectáreas de cosmética y belleza. Te das una vuelta de unas tres horas y subes al tercer piso. Todo cocina. TO-DO-CO-CI-NA. Preparas la billetera y vuelves a repetirte «¿pero cuánto eran mil yenes?». Subes otro piso y papelería, juguetes y manualidades. Y así todo el rato. [insertar gif de la Kardashian repartiendo panoja]
  • #comprar Esta es MI TIENDA: Akomeya Tokio. Lo querrás todo, papi. Es todo taaaaaaaan bonito y está taaaaaaan bien empaquetado y toooooodo tiene taaaaan buena pinta y te quedaría taaaaaaan bien en casa… Total, que acabas como nosotros saliendo con una carretilla cargada de souvenirs para consumo propio. Hay una de estas en Shinjuku Station y otra en Ginza.
  • #comprar Chicago: Me encantan las tiendas de ropa de segunda mano y estaba convencida de que allí encontraría lo que buscaba: un haori tradicional (la chaquetilla del kimono, vaya) y así fue. Esta tienda tiene una zona de ropajes tradicionales con amplia variedad de precios y formatos. Además, también compramos doce kilos de parches para la ropa y cuarta y media de pañuelos de tela. Lo encontrarás por Harajuku, hay una en la calle Omotesando.

2D8AAD15-321E-46B2-B654-0FE29A8F9588

  • #comprar El paraíso papelero: LOFT. Kilómetros de material de primera categoría. Cualquier cosa que quieras, la tienen. Haz la prueba. Puede que te explote la cabeza. ¿Se os ocurre mejor sitio para morir que en un pasillo de cartas perfumadas (porque las hay)? También Otoya.

C0D8E784-709E-41C0-A19C-62E0A37A6CC7

  • #comprar DAISO, los veinte duros por excelencia. Todo a 100 yenes, así como concepto. El mejor lugar para comprar(te) souvenirs. Y de este rollo os podéis encontrar con los famosos DON QUIJOTE /donki/. Una maldita locura drogainómana.
  • #comprar Vamos a lo serio: librerías DE CULTO. La primera para el público en general y amantes de las revistas decualquiercosa en particular: Books Kinokuniya (por Shinjuku) aquí compramos revistas (en japonés, por supuesto) de cocina, de decoración, de baloncesto, golf… La segunda, por si también vas buscando secsi-manga: BOOK-OFF (por Akihabara). Y la tercera (por Shibuya), solo para pro-designers: TOTODO (de nombre vulgar pero de contenido orgásmico).
IMG_3841
No, este libro no va sobre diseño. Creo.
  • #comprar Ah! Y la librería SHELF (cerca del metro Gaiemmae), muy chiquitita pero en la que puedes llevar una sorpresa entre sus saldos. También en esta calle hay dos cosas interesantes: Watarium, un museo de arte moderno con su respectiva tienda cremi y Ratio&C , preciosa cafetería + tienda de bicis. Por esa zona / parada de metro hay un cementerio en el morirte ya no te parece tan mal.
  • #comprar #comer Podéis pasar de todo lo anterior pero aquí tenéis que ir: TSUTAYA TOKYO (en Roppongi Hills). Varios pisos donde se entremezcla el café, un piano disponible para tocar, muchos discos, muchas películas, muchos libros, muchas revistas. Buena terraza y espacio muy especial en una zona que te hace sentir un poco en Los Ángeles (¿?).
  • #comer #ver A 10 minutos puedes ir a merendar a  Matsunosuke y luego visitar el museo (¡por fin algo de cultura, señora!) Snoopy Museum (que vaya tienda guapa tiene, por cierto). Suele cambiar de ubicación, chiquéalo!

C8E28F8B-3841-4212-99AA-9F977FE87963

  • #comprar #comer Niko and…, Una tienda de ropa, complementos, decoración, café… que vale la pena visitar. En serio, ¿cuánto eran 1000¥?
  • #comprar Tower Records, sí amigos. Muchos pisos de música. Ve con calma y sobre todo, repítete todo el rato: «VAMOH A CALMARNOH».
  • #comprar Dos tiendas de zapatillas por excelencia: ABC-Mart (los Calzados Riquelme de allí) y Sports Lab by Atmos. Pero recuerda una cosa, un pequeño detalle: No se cambia ni se devuelve nada. Está prohibido, es una norma. Lo que compras, te lo comes con patatas (japonesas).
  • #comer #beber A ver, cafeterías. Cafeterías buenas hay muchísimas, de hecho me ha sorprendido el nivel cafetero que tienen. Algunas en las que he estado: Reism-stand (al lado de la librería para diseñadores, ya os advierto del tema) o Verve (aunque nada que ver con su hermana mayor en Los Ángeles).
  • #comer Hamburgueserías también hay un rato. Para mí la mejor fue: the 3rd Burger.
  • #comprar ¿Te gusta el mundo MOTOS? Pues bien. Te va a gustar más si vas a esta tienda. Está por Ueno, que supuestamente es el barrio motero pero mentira. La única tienda buena es esta: Kadoya.

Guárdate algo para comprar cosmética seas él, ella, elle o ello.

[Voy a ponerme muy rubia ahora, lo siento] Yo soy soporiferamente fan de los inventos cosméticos japoneses pero nunca lo fui tanto hasta llegar allí. Aquí mis básicos para consumo propio o para que hagas un regalo de los buenos. Así, en general, te diría que al menos compres cinco cosas de estas diez:

  1. Un champú Tsubaki
  2. Un protector solar (de Anessa, por ejemplo)
  3. Mascarillas para la cara (da igual si individuales, en cajas o DIY)
  4. Un limpiador facial (el archiconocido Perfect Whip, por ejemplo)
  5. Un eyeliner /de la niña que llora/.
  6. Un aceite limpiador DHL
  7. Unos parches de calor (para el cuello, los ovarios o las sienes)
  8. Unas papelinas antibrillos
  9. Unas toallitas freshcas  
  10. Alguna crema de Elixir / Shisheido

Al menos. También puedes comprártelas todas como hice yo.

¿Dónde?

  • Por Tokio hay muchas tiendas para guiris ansias como nosotras de esas de tax free y tal. También puedes comprar estas cosas en supermercados corrientes, en droguerías…
  • Etude. Tienda de maquillaje coreana que encontrarás por Tokio. Cualquier cosa será un acierto.

¡BOLA EXTRA!: Hakone

Pese a ser un viaje 100% Tokio, nos escapamos un día a Hakone y de paso vimos el monte Fuji y pasamos por Gotemba (el paraíso outlet, por cierto). Fuimos en autobús por no muchos euros y la experiencia fue digna de mención. Estuvimos en Mount View, uno de los mejores ryokan de la zona. Con tu habitación tradicional, tu suelo de tatami, tus futones para volcar por la noche… ¡todo lo que una joven princesa occidental como yo podría necesitar!

52511A23-4B4E-4581-B7A4-759FBC5FDD6CAl llegar, una amable señorita nos acompañó a la habitación, nos dijo con acento zamorano que hacedme el favor que quitarsen las bambas y nos invitó a que tomásemos el té hasta que llegase nuestra hora. Que dicho así suena a drama pero se refería a la hora en la que teníamos reservado el onsen privado. Que sí, que onsen (baños compartidos de agua hirviendo termal) y privado a priori no encajan pero este sitio es de los pocos que lo ofrecen y vale la pena reservarlo (cosa que solo podrás hacer una vez estés allí). Te acicalas con el pack de «estar por casa» que te dejan en la habitación: yukata, cinturón, calcetines, chaquetilla… y al lío.

medaka_kingyo.jpg
No puedo compartir fotos personales porque inexplicablemente siempre sale alguien semidesnudo en ellas, pero os hacéis una idea.

La experiencia es increíble /una vez ya te has desmayado las dos veces correspondientes y tienes los testículos por el ombligo/ porque estás en medio de un bosque de bambú y unos pajaritos que cantan en un japonés muy digno. Espectacular, en serio.

Pero la experiencia de inmersión no acaba aquí. Un rato después tuvimos la cena: uno de los mejores menú degustación a los que me he enfrentado.

EAA5E6B8-808A-4525-843B-4C12048960F6
No se aprecia nada bien la cantidad y la calidad de los platillos.

Y cuando después del baño, de la cena, de dormir en un futón, de andar todo el día con los calcetines de dos dedos, de tomar té como si fuese gratis crees que ya… No, llega la hora del desayuno. A las 7:00 suena la campana y te vuelves a enfrentar a una mesa repleta de platos que meterías en una mochila y te llevarías a casa para mirarlos cada día con ojos brillantes.

¿Y qué mejor momento que este con los ojos empañados para dar por terminada mi guía de Tokio? 

No, espera. Que hay más. No me puedo quedar con estas inquietudes dentro.

  • ¿Sabías que en Tokio no hay papeleras?
  • ¿Te explicas que esté prohibido fumar por la calle pero en algunos restaurantes sí se pueda fumar?
  • ¿Sabías que los cambios y devoluciones de ropa o zapatos no se contemplan?
  • ¿Pensabas que los empujones sin piedad en el metro eran de mentira? JA!
  • ¿Sabías que por cada compra que hagas superior a los 5000¥ puedes pedir taxfree y presentando tu pasaporte te descuentan impuestos y te grapan el ticket en el pasaporte?
  • ¿Qué hacer si no saben decir que no y cuando te lo dicen para que te están echando maldisiones (te cruzan los brazos en la cara, básicamente)? Pues nada, ya te lo digo yo.

Y nada. Ahora sí.

Agito sin ganas mi pañuelo blanco. 

Un saludo a todas aquellas chicas japonesas que nos ofrecieron su ayuda sin pedir nada a cambio, ni siquiera un mechón rubio de mi pelazo. Se os quiere ♥

[ Si probáis un sandwich de crema de cacahuete japonesa (en los supermercados están regalados) acordaos de mí ].

Esta no es la mejor guía de Chicago, es la única guía buena.

«De personalidad arrolladora, fría y dura como el hielo pero acogedora hasta Milwaukee y más allá…» así podría empezar mi epitafio pero también la descripción de la que ya es, sin duda, una de mis ciudades favoritas.

Ocho viajes me avalan pero sobre todo un hermano chef que ya es más chicagoan que valenciano.

He estado a 35 grados y a -20 grados. He volado por 350€ y por 800€. He dormido en el mejor hotel y en la peor cama prestada. He comido por 10 y por 100 dólares. He ido sola, en pareja, con mis padres y con todos a la vez. He llevado una lista infinita de sitios y he ido totalmente borracha de improvisación.

Es por eso que me salto los preliminares propagandísticos sobre que Chicago es una gran ciudad mimimi llena de lugares estupendos que visitar blablabla con muchos restaurantes ñeñeñe una gama de tiendas inabarcable tucutucu a tope de museos tatata.

viaje

Aquí tienes los cinco sitios básicos a los que debes ir para poder decir que has estado en Chicago: Millenium Park (foto reflejo The Bean ✓), Navy Pier (foto noria y diferentes vistas a la ciudad ✓), Willis Tower Skydeck (foto al vacío  ✓), Magnificent Mile (aquí déjate de fotos y cómprate algo ✓) y United Center (para hacer las fotos mejor es aconsejable comprarse una entrada para ver a los Bulls -especial atención a las entradas de última hora-, una cerveza y un sombrero de nachos con queso ✓).

Y aquí, los cinco sitios De Primero de Chicago donde sí o sí tienes que comer o beber (o al menos entrar a hacer pis):

  • Stan’s Donuts: Lo de los donuts (necesitarás varios blueberry old fashioned).
  • Portillo’s: Lo de los famosos y baratérrimos perritos calientes y las patatas mojadas en cheddar. Sé el secreto de su famosa tarta de chocolate, pregúntame después de probarla.
  • Giordano: Lo de la pizza de medio kilo / porción.
  • Wildberry Pancakes & Cafe: Lo de los desayunos de gordos (especialistas en pancakes)
  • Black Bull: Para comer BIEN DE VERDAD y para saludar a mi hermano.

¿Cómo? ¿Que tú lo que quieres es una experiencia más pro? Pues aquí mis cinco sitios de nivel experto en Chicago (no por orden de importancia):

  • Small Cheval (LA hamburguesa con LAS patatas). Tienes la versión luxury (Au Cheval) pero te recomiendo fuertemente buscar la versión petite (más callejera, más macarrilla). No quiero hacerme spoiler a mí misma pero por la zona de Damen hay uno muy chulo.
  • Hoosier Mama. Hasta el verano de 2019 no conocí este café de cuento y, maldita sea, he tenido que recuperar en mi último viaje todo el tiempo perdido. Huele a casa en invierno, a horno encendido, a bizcocho, a masa de pastel, a café, a chocolate… Hay una mesa en la que puedes pasar la tarde con un latte entre las manos mirando embobada cómo hacen sus famosas y riquisísimas tartas.
  • Beatnik. Lo he dejado para casi lo último porque tengo que detenerme y regodearme. Está en la calle Chicago (de Chicago) así que no tiene pérdida. La joya de la corona de las joyas de la corona. Lo peor de todo es que cualquier cosa que os cuente ni de lejos se parecerá a la realidad pero lo voy a intentar: Un patio repleto de plantas, luces que entran por las vidrieras, cojines para volcar si es que te pasas con la mimosa, un dj siempre amenizando las jornadas. La cocina es un espectáculo e ilumina toda la sala… vaticino que no podrás dejar de mirarla mientras cenas o tomas el brunch (highly recommended). 

Absolutamente toda la carta es increíble desde los entrantes baba ghanoush, las patatas ‘3 ways’ (mi perdición), el pulpo ahumado con hummus, albóndigas de pollo… ay señor, ojalá pudiera elegir. Me salto los principales porque no sabría qué mencionar, si pluma ibérica, medio pato a los dos estilos o cordero a la libanesa…. Y llegamos a los postres. Y qué postres, señormío. En la foto de abajo podéis observar los que son, para mí, los mejores hits.

  • West Town Bakery & Diner: un diner de toda la vida con toques hispters de toda la vida. Posiblemente los mejores donuts glaseados de la ciudad.

  • Una buena experiencia americana debe tener buena carnaza sí o sí y este es uno de los mejores sitios carnívoros en los que he estado:  Green Street Smoked Meats. Carne ahumada a granel en bandeja. Si te atreves, pídete un combo y encontrarás, por fin, la felicidad. Ah! No te olvides del corn bread.

Captura de pantalla 2019-11-05 a las 9.47.39Captura de pantalla 2019-11-05 a las 9.49.12

Pero habrá que dormir.

Ya tienes los básicos para hacer de Chicago tu nueva ciudad favorita del mundo [insertar hada soplando purpurina mientras gira a tu alrededor] pero habrá que dormir. ¿Dónde dormir? «En una cama». Muy buena idea y mejor respuesta. No sé cuál será tu plan de viaje pero dormir debería ser parada obligatoria. Mis recomendaciones:

Opción bien: Holiday Jones está en la calle Division que mola bastante porque está en pleno barrio de gente joven, moderna, elegante y saludable donde te sentirás mejor que bien. Está cerca del centro (a unas cinco o seis paradas de metro directo) pero tranquilo que las luces del Chicago Theatre no te molestarán al dormir. No te asustes si ves que hay literas como si estuvieses de campamento de verano porque hay habitaciones privadas (aunque casi siempre con literas, eso sí, ENORMES) con una decoración muy cuidada y acogedora. Con gusto, vaya. Además, te incluye un desayuno básico, wifi y esas cosas indispensables de esta vida moderna.

Opción NOTBAD: Freehand Chicago  está en Downtown y no da vergüenza ajena, con eso ya sería suficiente. Siempre que he ido he encontrado inmejorables precios teniendo en cuenta su localización. Ambientazo cualquier día del año gracias a su cafetería “Café Integral” supah-hisptah y su bareto “Broken Shaker”. Si no sabes dónde dormir, allí estará el Macromedia Freehand.

Opción SUPERBIEN: Chicago Athletic Association Lo de molar se inventó en un sitio como este. Este es EL HOTEL. El hotel con el que siempre has soñado existe y está en la puta avenida Michigan frente a Millenium Park. Te despertarás, te pondrás el precioso albornoz del hotel y verás desde la ventana a la gente que ha madrugado haciéndose fotos en la gran alubia plateada. Por si esto no fuese suficiente, tiene un lobby, una sala de juegos, un restaurante con terraza, una piscina reconvertida en salón de eventos, unos pasillos interminables de madera, un ascensor único, una pista de baloncesto secreta y todo esto, con una maravillosa decoración que te dejará en apnea todo el rato. ¿He dicho todo el rato? Quería decir TODO MALDITO EL RATO.

Elijas el hotel que elijas, visita este sitio. Tómate un algo en el Cindy’s y aprovecha para mirar a toda la ciudad por encima del hombro.

Además de visitar ese hotel, intentaría colarme y tomarme un algo en la cafetería del Soho House Chicago o The Hoxton.

IMG_7018.JPG

E L  B A R R I O: Wicker Park

La primera vez que escribí esta guía no me di cuenta de una cosa: la mayoría de mis favoritos de Chicago estaban en el mismo barrio. Y es que, cuando viajo, odio sentirme turista y muero por adquirir la vida de un indígena aunque sea por cuatro días.

Wicker Park desde la primera vez que fui a Chicago (mi primera vez también en EE.UU) me ha permitido ser una más del lugar. Así que sí, muchos de los sitios que te recomiendo visitar están ahí (a 6 o 7 paradas del centro más céntrico, no te asustes). Si tú también buscas esa sensación, dedícale un día. Lejos del bullicio, lejos de lo mainstream.

Filter café: Mi favorito. Quizás no sea el mejor (que sí lo es) pero cuando entré la primera vez supe que quería vivir ahí (no literalmente. Bueno, SÍ). Café bueno a granel y acompañamientos bien dignos (si me queréis, lemon pie) en un lugar tremendamente cálido lleno de sofás vintage con estampados florales y sillones en los que hundirte (incluso sin querer). El ambiente es muy relajado, suena música suave y a veces hasta se escucha el silencio. Te sentirás un freelance chicagoan de toda la vida.

ACTUALIZACIÓN 2019: Cerró sin avisarme.

IMG_7209.JPG

Alliance: Una de las mejores pastelerías de mi barrio favorito. Merece la pena ir aunque sea para poner el morro sobre las cristaleras y admirar a las azucaradas creaciones como si fuesen recién nacidos a los que te vas a comer. Si te gusta el rollo bollo (jeje), de nuevo, en la calle Milwaukee está Artemio’s Bakery (una pastelería latina con mucha cosa mordible a precio de saldo).

Recientemente, justo al lado, han abierto otros dos sitios genialísimos donde tomar café y chute de dulceína: uno hispter (Foxtrot, encontrarás varios por la ciudad) y uno con trazas japonesas (Tous Les Jours Bakery).

Black Bull: Por extraño que parezca, no puedes irte de Chicago sin comer en el mejor restaurante español de fuera de España (incluso de España, oye). Yo también me pregunto por qué no existe en España un sitio así donde comer TAN bien sin que te quedes pegado a la barra, sin un suelo lleno de palillos y servilletas o sin que la tortilla esté deconstruida, las croquetas bañadas en Pedro Ximenez y unas bravas que son más invent que otra cosa. Decid que vais de mi parte, a ver qué pasa. Por favor los arroces, por favor el atún, por favor las croquetas de jamón 5 Jotas, por favor el txuletón y por favor las vieiras con ibérico. Visitad el piso de arriba (Bordel), espectáculo ¿retrovintage? non-stop.

ACTUALIZACIÓN 2019: El menú nuevo ha llegado, así que deberíais pedir sobretodaslascosas los dumplings de cocido. Os cuento brevemente la historia por si lloráis al comerlas, que sepáis la razón. Esa receta del cocido es exactamente la de mi abuela y hacía ya varios años (desde que empezó con el Alzheimer…) que yo no probaba sopa igual. Os podéis imaginar cómo me sentí al llevarme esa primera cucharada a la boca. Lloré. Así que os invito a sentir lo que sintió mi hermano al recrear este plato y lo que sentí yo a probar la sopa de mi abuela. Tal y como me dijo mi hermano «este plato me hace sentir cerca de ella, huele a ella y es muy fácil imaginársela en la cocina». 

Más comida por la zona: Big Star (tacos increíbles y rollazo), The Bongo Room (solo brunchis), Umami Burger (aros de cebolla como hula hoops) o Native Foods (100% plant-based – 100% yummy).

No quisiera yo dejar de recomendar buenas tiendas en las que hipotecarse. ¿Te gusta la música? Sin duda, la tienda Reckless Records donde siempre pasan cosas. Quizás un disco preziosi, quizás un concierto gratuito de los Whitney, quizás yo al fondo riéndome de carátulas random.

15327241_10157775297205587_3337833754973531688_n

En la misma calle: Shuga Records bastante cremi también. Y es que esa calle (N Milwaukee) es bastante top. Recórretela entera desde la parada de metro Division hasta la parada de metro Damen (allí podrás coger fuerzas con un donut de Stan o un café de La Colombe Coffee Roasters y seguir la marcha hasta Shinola, RSPV Gallery , Timbuk2, Rapha o Wayward…). Si te gustan las cosas loquísimas de comic, novela gráfica o magazines: Quimby’s Bookstore. ¿Tiendas favoritas de ropa de segunda mano: Buffalo o Kokorokoko. Y terminar con un helado de Jeni’s Splendid Ice Creams.

Más allá de Wicker Park:

Si bien es cierto que podríamos quedarnos a vivir en esta zona. Hay otras muy interesantes y que vale la pena investigar (fuera del centro más céntrico):

Wrigleyville / Lake View

Lo primero: intentar ver un partido de beisbol y apoyar bien fuerte a los Cubs. Ese estadio hay que verlo y, a poder ser, vivirlo.

Después habrá que hidratarse en alguno de los sports bars de la zona. Más tarde puedes bajar la comida o el pelotazo caminando hacia N Southport Ave (una calle tranquila donde, por ejemplo, visitar Amazon Books).

También puedes dar volantazo e ir a la calle N Clark St y disfrutar de una tienda muy especial de arte, souvenirs retrovintage (Foursided Card + Gift), una librería con libros amontonados, hacerse una foto en el escaparate de Gabby’s Barber Shop, perderse en la tienda de discos Gramaphone Records o perder la noción del tiempo en Crossroads Trading (mi tienda de ropa de segunda mano favoritísima). Puedes comer baos como si no hubiese mañana en Wow Bao.

Seguir leyendo “Esta no es la mejor guía de Chicago, es la única guía buena.”

Creo que es 28 de julio

Aquí todo se mueve lento. El aire, el viento. Las palmeras prefieren no bailar y los mosquitos ya salieron a ligar. Todo lo que veo desde mi fortaleza-litera tiene el filtro “mosquitera”. Millones de agujeros enanos dejando pasar la luz justa para no salirme de la hoja y empezar a escribir en la almohada. Es curioso, suena Borja Penalba en mi iPhone aquí en mitad de la nada cubana. Me susurra flojito en los auriculares mientras la gente habla de que hoy tampoco hay agua. Algunos duermen y no saben que viene tormenta. Caerán otra vez cocos y nadie se dará cuenta. Los abrirán con ese machete que yo solo he visto en Supervivientes y los merendaremos a escondidas por si no nos gusta la cena. Arroz, aguacate y mango. ¿Otra vez? Otra vez. Y con suerte. Gotas de pintura turquesa en mis brazos pero hoy… hoy tampoco habrá agua. Baños sin papel y yo gastando libreta hasta acertar con lo que quiero contar, que en realidad no es nada.

Llueve lento. Cómo no…

San Antonio de los Baños, Cuba

Creo que es 28 de julio

Día 1 después de.

Me despierto sin despertador y no por el ruido del ventilador. No tengo la nuca sudada. Abro los ojos y miro al techo sin miedo a encontrarme una telaraña. Me toco la cara para comprobar que no me ha picado ningún bicho caribeño. No estoy pegajosa, qué suerte. Ningún muelle del colchón empujándome. Sábanas suaves. No hay una mosquitera a mi alrededor. Me levanto y abro la ventana, entra brisa. Voy al baño y me dejo caer en la taza, hay papel higiénico y está suave. Tiro de la cadena y me quedo mirando esperando por si no funciona y hay que tirar un cubo de agua, pero no. Entro a la ducha sin pedir turno y sin chanclas. No hay prisa porque habrá agua para todos. Agua caliente, templada y fría. Agua caliente, repito. Casi aplaudo. Hay jabón y gel de sobra. Cae agua como en cascada y no echo nada de menos el hilillo aquel. Cojo una toalla limpia y me seco. Salgo del baño sin cruzarme con gente y sin saltar mochilas y zapatos de otros. Voy a mi habitación que por fin no es compartida y me visto. Abro el armario, hoy no escarbo en la mochila. Ya no tengo que oler la ropa para saber si le doy o no otra oportunidad. Camisas sin arrugas, vestidos colgados, pantalones doblados y un cajón lleno de bragas que no necesito contar para saber si me llegarán al final. Me visto como quiero y no como puedo. Voy a la cocina y abro la nevera. No hay jugo de guayaba, ¿puedo ser más feliz? Tampoco hay pan dulce con tortilla natural ni huevos fritos ni (con suerte) bizcocho seco. La nevera está llena de cosas y no sé qué elegir. Bebo agua del grifo sin esperar una diarrea descomunal. Alguien me pregunta qué voy a querer para comer y me deja respuesta abierta. No tengo que elegir entre pollo, cerdo o pescado de río. Intuyo que sea lo que sea no irá acompañado de arroz y con eso me basta. Salgo a la calle y sigo sin sudar. Llevo el pelo suelto. Nadie me ofrece un taxi ni casa para dormir, nadie me pide un boli o jabonsito. En mi iPhone vuelven a sonar los cantautores de turno. La Gozadera y Enrique Iglesias ya no retumban en mi cabeza. Me siento en un bar, pido y la camarera no me dice que de eso no le queda. Bien. Café con leche y tostadas con tomate. Viene tan rápido que me sorprende. El ritmo cubano se quedó allí. Sigo sin sudar y aún llevo el pelo suelto. Veo a la gente y agradezco que den dos besos y no quedarme cortada a mitad. Entro al supermercado y hay cosas. Para empezar, hay luz. Hay cosas que comprar. Hay marcas. Las carne está en frío. Hay Coca Cola. Hay más de dos tipos de pan. Hay guarrerías. Hay gente con carros y cestas llenas y no está sonando la Gozadera. Hay agua embotellada de sobra. Hay cosas baratas. Hay cosas. Salgo de la tienda y hay más tiendas que la de comida. Sigo sin sudar. No hay niños descalzos por la calle ni puestos de pizzas por 40 céntimos. Los coches no tienen 50 años ni escupen humo azabache. No hay pintadas revolucionarias por las carreteras.

Aquí tampoco hay sabrosura ni guarapos. Aquí nos movemos como tablas de planchar. Nos pesan los pies y tenemos el cuello de escayola. Aquí podemos salir y volver. Podemos elegir entre hablar o callar. Podemos comprar caramelos cada tarde. Podemos tener fiebre sin pensar que tenemos dengue. Aquí lo tenemos todo pero no nos conformamos con nada.

La diferencia está en vivir al día y sobrevivir al minuto.

Sigo aterrizando, mi sielo.

trinidad